Baúl para todo

En el baúl entra todo. Por muy variado que sea. Ordinariamente no se dedica a un solo producto (o de la misma variedad), sino que recibe todo lo que no se sabe donde meterlo. De ahí la concepción de que en el baúl “todo cabe”.

AntonioLabradorDe Antonio Labrador Jiménez

En cualquiera de nuestras casas, en el “soberao”, en el trastero, en el dormitorio amplio…, se encontraba el baúl. La “ropa camilla”, las mantas, cochas de invierno… etc, se guardaban en el baúl. En familias algo más acomodadas, de rica madera, enceradas o barnizadas –y ya en el salón principal-, el arca. En su hermosa tapa se ponen objetos de cobre, fotos de familia, lindas cerámicas… y como nuestros carpinteros son verdaderos artistas en la talla, es fácil encontrar arcas talladas, preciosas filigranas, que se cuidan como joyas y adornan la “salita” o el salón presentable del hogar, en “el cuerpo de casa”. Antonio Cerote, Manuel Sicardo, Luis Méndez… etc dejaron magníficos ejemplares. Hoy tenemos tallistas de gran valía.

Pero lo más popular, lo que siempre ha servido para guardar y transportar es el baúl. Hasta con asas para llevar fácilmente. Incluso antes de la aparición de los autos, en los primitivos carromatos –en el pretil posterior- el baúl con la ropa y utensilios más necesarios. Al maletero del coche se le llama en Latinoamérica el baúl. Los emigrantes cargaban en los barcos con los mismos, cuando “hacían las Américas”. De material más liviano que las arcas (de madera maciza), ofrecen ventajas para el transporte, sin exigir un trato tan delicado.

Artistas, toreros… transportaron sus enseres en baúles. De aquí algunas frases-tipo manifestando los bien cargados y pesados, como el “baúl de la Piquer”; o depósito de cosas entrañables, como el “baúl de los recuerdos”.

En el baúl entra todo. Por muy variado que sea. Ordinariamente no se dedica a un solo producto (o de la misma variedad), sino que recibe todo lo que no se sabe donde meterlo. De ahí la concepción de que en el baúl “todo cabe”. Aunque sean antagónicos. Llevado a la vida práctica, el que se quiera “meter en un mismo saco” –el mismo baúl- diversas ideas, tendencias en la vida política o social, y por supuesto en la vida de Iglesia. Cada uno-a pone su propio “castillito”, respondiendo a su gusto o apetencia, su devoción o sentimiento. Cada uno-a su imagencita, su cuadrito, su pañito, porque todo cabe en ese “baúl”. Como si todo tuviera el mismo valor y todo sirviera para el mismo fin. Y ya sabemos el resultado: lo esencial se difumina, y se le da el valor a capillitas, imágenes, religiosidades, devociones…, que no siempre llevan a opciones de fe y con frecuencia queda en actos externos, impregnados de sentimentalismos, pero vacíos de verdadera entrega al Evangelio de Jesús. Hasta se puede compaginar con nuestras ambiciones y egoísmo personal. El Señor es duro, con ello, y llega a decir “me honran con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.

Este peligro no está ajeno a nosotros. Y no es sólo de ahora, pero pienso –con riesgo de equivocarme-, que se están acentuando. Cada vez más imágenes, cultos con sus adornos correspondientes, devociones que acaparan la marcha de la parroquia y dispersan sus fuerzas. No debe caber todo. Hasta puedo llegar el cansancio y el desánimo. Se debe volver a lo que es central y lo que la Palabra pide, es que nos dejemos iluminar por ella en la situación grave en que estamos, y se vaya construyendo una sociedad más igualitaria donde todos-as tengamos posibilidades. No un pueblo dividido por poderosos y sufrientes, sino una familia con diversidad de dones y servicios, pero un mismo espíritu de amor. En este año de la fe, que se ha comenzado, tendríamos que profundizar en lo que Jesús de Nazaret ofrece y él vivió. Invita a una entrega clara por el Evangelio-reino, liberándonos de particularismos. A ello debemos dedicar nuestro esfuerzo, en espíritu de fe, con tiempo de formación y pasos serios construyendo una sociedad más justa.

En una casa “ordenada” se jerarquizan las necesidades y por tanto la atención y esfuerzo que se dedica según su valor. No se gastan las energías en detalles secundarios, mientras falta la fuerza para lo principal. En Mairena hay devociones específicas y valiosas, en las que ponemos entrega: Cristo de la Cárcel, Virgen de los Remedios,… y muy bien representados los diversos aspectos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor (suficientes), y que absorben bastantes energías. Lo principal debe estar centrado en Jesucristo, Palabra hecha Vida (catequesis) entregado como Pan de Vida (Sacramentos) y preocupado por liberar y dar vida a las personas (caridad). Todo ello celebrado el día del Señor (Eucaristía) y profundizado en la oración. Dedicando tiempo, decisiones firmes, medios económicos a ello debe absorber nuestra entrega cristiana. Se necesitan locales (de formación y culto) en barrios lejanos a la parroquia y templos actuales. Y a ello habría que dedicar esfuerzos, que se dispersan en otras actividades.

En América Latina hay preocupación porque cada barrio, cada colonia tengan su lugar de encuentro de la fe, bien capilla, bien salón multiuso, y que también están al servicio de otras necesidades, como escuelas o centros culturales. Lo importante es la presencia de Iglesia cercana, la formación de grupos –la Biblia no falta en ningún hogar-, las celebraciones y promoción de personas. En las capillas, ordinariamente, solo las imágenes imprescindibles, necesarias. Son comunidades vivas, evangélicas, en las que no pocos han sufrido el martirio por defender la justicia del Reino.

La Iglesia de Mairena es una Iglesia viva, con muchas personas generosas, que lo demuestran con su entrega cada día. Lo importante es que las fuerzas no se dispersen. Hay mucha tarea y un trabajo serio en nuestra formación nos debe llevar a una vivencia confiada del Reino, centrados en Jesús de Nazaret. Es un bien, que nuestro pueblo espera buscando caminos de luz y realización de tantas personas. De esta Iglesia de Mairena se debe esperar mucho porque hay “material” muy potable. El que las energías no se dispersen y nos centremos en el fundamento de la fe –a lo que la Palabra, Concilio Vaticano, encíclicas papales nos invitan- es esencial. No todo se debe “echar en el mismo saco”. Aunque para otras cosas en el baúl puede “caber todo”.

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