Gala Maireneros del Año, ¡gala de mis entretelas!

En los discursos hubo lágrimas de puro sentimiento que enjugaron aún más las palabras, hasta hacerlas mágicas al oído

Miki Reportero.

Miki Reportero.

Fue una noche fría, pero el gélido ambiente exterior no fue nada comparado con el calor de la emoción hecho acto, la Gala Maireneros del Año se llevó a cabo con éxito y una parte del pueblo de Mairena vibró con los galardonados de este año.

Pintura, escultura, magisterio, empresa, atletismo, supongo que la comisión que selecciona a los premiados cada año lo tiene complicado, pues observo que en Mairena se destaca en muchas cosas.

Sara Domínguez y Antonio Bautista.

Sara Domínguez y Antonio Bautista. Foto: José Montero.

Miren ustedes, antes de comentar la Gala me gustaría expresar unas palabras sobre la Mairena meritoria, viniendo de fuera como vengo, no habiéndome criado aquí, tengo una opinión sobre el tema y percibo que tal vez el mairenero de la calle no lo tenga tan claro.

Es fácil pensar que los méritos de los premiados son fáciles de conseguir, o que vienen sin más a cada uno. De donde vengo, ciudad un poco apática donde cada uno parece ir a lo suyo, esto no es así: se destaca poco, se ilusiona menos, no suele haber ni cundir ejemplos, el mérito está devaluado. ¿Por qué? Porque desde hace muchos años se instauró una cultura mediocre, donde la ilusión, la competencia sana, el esfuerzo y el compromiso brillaron por su ausencia.

Años después el resultado es demoledor: ciudad sin alma, ciudadanos errantes, ególatras de sí mismos, ejemplos de la nada. ¡Ojo! ¡Esta es mi ciudad! ¡Mairena posee una excelencia que cada día me gusta más! Así es, aquí los premiados han destacado por su sacrificio, esfuerzo, honestidad intelectual, talento, genialidad y, también, compromiso, responsabilidad y solidaridad.

pañuelogalaY llegó el frío y con él la Gala, frío que se quedó en nada. El pañuelo verde de Antonio Bautista, presentador del evento junto a la periodista Sara Domínguez, golpeó los últimos estertores del invierno con falta de memoria que se asomó a marzo con osadía desvergonzada, tal vez por error. Verde limoncito ese pañuelo que desató los encantos de las chicas jóvenes que quisieron una foto con el presentador, claro, por el pañuelo. Al día siguiente todo el mundo llevaba el dichoso pañolito verde, hecho moda por este inigualable.

La moda del pañolito verde.

La moda del pañolito verde.

Los presentadores muy bien, gran guión, lindas palabras dedicadas a los galardonados, en un día que los hizo centro de la diana y blanco del mérito.

La noche dejó de prometer cuando los asistentes no pudimos lucir en la Gala más que grandes abrigos, lanas y cueros, haciendo imposible nuestros trajes de noche con que deslumbrar al vecino de la butaca de al lado, incluida la Corporación Municipal.

Los discursos de los premiados fueron una mezcla equilibrada de emoción, agradecimiento, dedicatoria y corazón. Hubo lágrimas de puro sentimiento en algunos de ellos que enjugaron aún más las palabras, hasta hacerlas mágicas al oído. Cada aplauso a los premiados llegó al alma de su compromiso, afirmando su valentía y ejemplo, de ahí su excelencia.

Los premiados.

Los premiados. Foto: José Montero.

No quiero pasar por alto el olvido de uno de los presentadores, Antonio Bautista, que hizo amago de haber olvidado el guión como parodia, una especie de pérdida de los papeles que no fue a más a Dios gracias. Risas porque los presentadores derramaron certera palabra y gracias desenvuelta.

Cuántas más cosas podría comentar, muchas, pero me quedaré con el testimonio de una señora sobre el premio a su, al parecer, sobrino; parecía una declaración espiritual, es decir, le salió del alma.

Justo cuando salíamos del acto, esta señora entonaba con acento propio de aquí –perdonen ustedes, pero me dicen que soy forastero, tal vez por eso me llame tanto la atención-, una de las frases de la noche, expresiva, como ella, subida de colores, como el color del pelo de quien tuve en la butaca de delante, altiva y ruidosa como un grupo de niños que no pararon de dar ruido durante todo el acto. Esta tía comentó de su sobrino lo que cada cual querría escuchar de algún pariente cercano:

“¡Ole mi sobrino, míralo, más bonito que el sol y la luna juntos, mi niño de mis entretelas!”.

 

Ya no quedan tías así. Casi es mejor tener una tía como ésta a recibir un premio, el galardón dura un año, una tía así es algo gordo para toda la vida. Señora, me dicen que es usted tita, la tita de Mairena. Por cierto, llevo todo el día pensando qué serán las entretelas. Hablaré con Romero, el que las vende los lunes en “los gitanos”…

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