El Maestro y su reconocido legado

Antonio Carmona recuerda la labor creativa e intelectual de Mairena en el flamenco. Perico el Pañero y Miguel Salado cierran la noche.

Tercera velada en el patio del pozo de la Casa Palacio, con nuevo lleno. Entre otras, caras conocidas en el mundo del flamenco como el célebre flamencólogo Luis Soler.

Tras la presentación de Alejandro Medina, Antonio Carmona, presidente de la Fundación Antonio Mairena, abrió la noche con la conferencia Antonio Mairena: un gitano universal. Con ella vino a recordar lo que ya es conocidísimo y reconocidísimo por el público asistente, autóctono y foráneo, aficionados todos. El Maestro dejó un preciado legado a través de, por un lado, su genialidad artística como cantaor y, por otro, como investigador, estudioso y crítico de este arte, cuyos problemas y virtudes centraban su atención.

tercerdiasemanaculturalflamencoAntonio Mairena fue un revolucionario con carácter fundacional, por abrir nuevos horizontes en el mundo artístico que devolvían al cante su pureza. Además, dignificó y enalteció el cante gitano andaluz. Su obra le valió la Medalla de Oro de las Bellas Artes, siendo la primera vez que se le concedía a un cantaor.

Carmona quiso compartir además el documental El orgullo de ser gitano, emitido en el 94 por La 2 de Televisión Española, que obtuvo el premio Parlamento de Andalucía. En él repasan su trayectoria con el apoyo testimonial de cantaores como Fosforito, José Menese o el propio Manuel Mairena, tocaores como Manuel Morao o Enrique de Melchor y otras tantas personalidades del flamenco. La película también ahonda en conceptos del Maestro como aquel famoso de «la razón incorpórea».

La velada se reanudó tras un descanso con el recital de Pedro Lérida Perico el Pañero con Miguel Salado al toque. Venido desde Algeciras y por primera vez en Mairena, fue presentado como «de corte clásico» con ecos de Antonio Mairena.

Comenzó por tangos, mejor al final que al principio. Por seguiriyas y soleá fue mostrando las peculiares características de su voz. Terminó por bulerías, con palmeros, de pie y rematando con un baile correcto, coronando una actuación que puso al público de pie. La guitarra tuvo que ver, brilló en todo momento. Pese a sus 31 años, Miguel Salado tocó con maestría, la que le ha valido para acompañar a grandes como el mismísimo Manuel Mairena.

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