Groucho Marx y el voto católico

Artículo de opinión de Jesús Graciani

Hay una escena de una película de Groucho Marx que describe perfectamente lo que quiero decir:

Graciani-OK“Señorita, ¿se acostaría usted conmigo por un millón de dólares?”

“Por supuesto”, respondía ella.

“¿Y por un dólar?”, preguntaba de nuevo.

“¿Qué se cree usted que soy?”, contestaba la dama ofendida.

“Lo que usted es ya ha quedado claro: ahora estamos negociando el precio”.

Me temo que pueda estar ocurriendo algo parecido entre el PP (o incluso C’s) -que desean el voto de derechas- y la integridad moral de muchos votantes católicos que, por desgracia, si el precio es suficientemente alto, no tienen problema en entregar su conciencia.

¿Cuál es el precio al que se venden los principios? Hay varias tarifas. La más frecuente es la recuperación económica y la estabilidad del país, y el miedo infundado (pero azuzado por algunos partidos) a que vayamos a pasar hambre. Otros ponen la tarifa en que no vaya a ser que la Iglesia tenga que pagar el IBI, o se carguen los acuerdos Iglesia-Estado, o le quiten la titularidad de edificios históricos de su propiedad. Otros, pocos, lo ponen en conservar los conciertos de los colegios de educación diferenciada de inspiración católica. Y hay varios motivos más. Pero en cualquier caso, como decía Groucho, es sólo cuestión de precio.

El que claudica en principios esenciales como la defensa de la vida o de la familia natural no ha entendido de qué va esto. ¿No habíamos quedado en que hay principios que -según palabras de una nota doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que a su vez reproducen pronunciamientos de Benedicto XVI– son “irrenunciables” y “no admiten excepciones o compromiso alguno”? La misma nota afirmaba con toda claridad: “En estos últimos tiempos han aparecido orientaciones ambiguas y posiciones discutibles. No es posible callar sobre los graves peligros hacia los que algunas tendencias culturales tratan de orientar las legislaciones y, por consiguiente, los comportamientos de las futuras generaciones”. Y finalmente concluía: “La conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con su voto la realización de un programa político que contenga propuestas contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral.” O sea, que nuestros principios irrenunciables no deberían estar en venta, ni “por un millón de dólares”, o la tarifa equivalente (llámese recuperación económica, llámese acuerdos Iglesia-Estado, etc.).

¿Acaso no les hubiera sido más fácil a los mártires haber renunciado “sólo esta vez” a sus principios, por el supremo bien de continuar con vida? ¿No era un precio suficientemente alto? Ellos pensaron que no, y actuaron en consecuencia. Y hoy los recordamos con cariño y agradecimiento. El problema de los católicos de hoy es que quieren que cambien las cosas, pero sin sufrir nada, replegados en sus confortables hogares. “Si no me cuesta nada, por supuesto que votaré de acuerdo con mis principios, pero si me va a costar algo… depende del precio”. Y esto no es sólo para los católicos de a pie… El que pueda entender que entienda.

Es triste, pero lamentablemente es exactamente así. Lo he vivido en mis carnes en los últimos días. A dichos católicos que, en función del precio, entregan sus principios, les viene como anillo al dedo la frase de Groucho Marx: “Lo que usted es ya ha quedado claro: ahora estamos negociando el precio”.

Comentarios de “Groucho Marx y el voto católico”


  1. María José Piñero says:

    El problema del católico en estas elecciones es que confunde al enemigo. Cree que será el comunismo que vendría por la coalición de izquierdas (tema que ha sido potenciado por la derecha pero está controlado por Europa). No, ese no es el problema, el enemigo es el laicismo y ese se combate de forma personal. Sobretodo en las urnas.

  2. Jesus Graciani says:

    Estimado señor outrider, su acusación es completamente gratuita. Ninguno de los que vamos en las listas por Sevilla hemos estado jamás en el PP. Y los únicos que sí han estado y salieron cuando el PP traicionó sus principios son Santiago Abascal y Ortega Lara. Entiendo que le escueza el artículo pero mantengo todo lo que he dicho en él. No debería acusar falsamente tan a la ligera.

  3. Redacción PM says:

    Disculpe el retraso pero el mensaje se había colocado en la carpeta de spam.

    Saludos

  4. Miguel Ángel González Ortega says:

    Sr. Graciani:

    No puedo más que lamentar el contenido de su artículo. Desde luego con esas palabras yo jamás le votaré.
    Y es que no puedo consentirle que me acuse, nada más y nada menos, que de prostituir mi fe católica si no doy el voto a su formación. ¿Con qué derecho se cree usted que puede lanzar tal acusación sin conocerme? Usted no sabe si yo colaboro económicamente con mi parroquia, o si yo colaboro con Caritas de forma regular aportando alimentos y dinero, o si colaboro con mi hermandad en obras de caridad, o si estoy trabajando en la parroquia a través alguna asociación pastoral, o si acudo o no con frecuencia a la Eucaristía, o si procuro crecer en mi vida interior mediante la oración y la adoración al Santísimo Sacramento, o si intento formarme acudiendo a catequesis para adultos o matriculándome en el Bachillerato de Ciencias Religiosas, o si yo defiendo o no mi fe en público dando razones de mi esperanza con respeto (1 Pe 3.14).
    Repito, ¿quién se ha creído usted para manifestar públicamente tal juicio?
    Como católico que intenta seguir a Jesús de Nazaret lo mejor que puede y entiende, me planteo todo lo anterior, no únicamente mi voto. Pero sí Sr. Graciani, el voto también me lo planteo. Y busco una opción con la que se respeten las libertades y no se nos impongan unas ideas concretas desde el poder político, una opción que respete el derecho a una educación con la que los padres podamos elegir libremente entre todas las opciones posibles, o que no nos frían a impuestos para mantener el chiringuito político de una minoría que dice amparar a la mayoría, o que defienda la vida de todos como el primer derecho fundamental pues sin vivir no podremos ejercer los demás derechos humanos, o que luche contra la corrupción proponiendo medidas de regeneración, o que me informe claramente de cómo piensa afrontar el fenómeno de la inmigración y los refugiados que está afectando a tantos hijos de Dios como lo somos usted y yo.
    Pero con mi voto también he de buscar ser práctico. Ya sé que mantiene que si todos los católicos votásemos a VOX nuestro voto sería un voto útil. Pero, le guste o no, actualmente no se dan las circunstancias sociales con las que los católicos de este país nos sintamos llamados a darles nuestro apoyo. Al contrario, las encuestas parecen que el resultado de su formación no pasaría de lo testimonial en estas elecciones.
    Como usted sabrá, tras el Vaticano II quedó clara la necesidad de que los católicos nos implicásemos en la vida pública para hacer valer nuestros valores, los que emanan de la enseñanza de Cristo, pues son los únicos que respetan al hombre en toda su dignidad. Lo que no se definió es una única forma concreta de llevarlo a cabo.
    En nuestro país la opción pasó por fundar la Acción Católica, que quedó muy apagada. En Italia en cambio se optó por tener un partido político católico, la Democracia Cristiana. Si en nuestro país de una vez por todas se decidiese crear un partido integrado por católicos, apoyado por la Iglesia Católica y que lograse aglutinar socialmente a los católicos, tenga usted por seguro que sí votaría a esta opción.
    Soy consiente de que mi voto va a ir a una formación que no da respuesta positiva a todo lo que estimo justo y conveniente. Y lo que más me duele, con diferencia, es que se va a seguir permitiendo el asesinato de niños inocentes. Pero si la otra opción es que se pierda mi voto permitiendo que se unan partidos, alguno de los cuales defiende unas ideas totalmente destructivas y antagónicas a las mías, pienso en conciencia que no me queda más remedio que hacerlo.
    Y créame que en este asunto de las elecciones, me encantaría que existiese un partido católico fuerte para poder decir al PP que no se puede presumir de una ideología basada en el humanismo cristiano y, a su vez, no haber cumplido su promesa electoral de derogar la ley del aborto, ley con la que cada mes se está impidiendo miles de nacimientos de niños españoles.
    Yo no sé si usted es católico, pero no es necesario serlo para entender algo muy elemental. Si verdaderamente quiere participar en la vida pública, debería empezar por respetar todas las opiniones. Defender unas ideas no supone en modo alguno insultar a nadie; así que no sea usted como el Sr. Sánchez. Por tanto, lo que procede es esperar una rectificación tan pública como su acusación.
    Por supuesto, estoy a su disposición para hablar con usted, pues considero que es dialogando con argumentos como las personas conseguimos mejorar.

    • Jesus Graciani says:

      Estimado señor, mantengo completamente lo dicho en mi artículo porque creo sinceramente que respone a la realidad de las cosas. Si usted se siente ofendido, lo lamento muchísimo, pero no es culpa mía.

      • Miguel Ángel González Ortega says:

        Lamento su “respuesta” a mis argumentos. Se ve que no tiene otra opción.
        Repito, se pueden defender las ideas pero si se hace desde el insulto y la falta de respeto se queda desacreditado.
        Una pena que su formación tenga personas así. De esta forma seguirán sin llegar a ningún lado.
        Yo por mi parte reitero mi disposición a dialogar.

    • Jesus Graciani says:

      El punto donde creo que, en mi opinión, se equivoca es en considerar el voto al PP como un voto práctico. Me parece una visión muy pragmática y cortoplacista. Si ahora vota al PP se sentirán respaldados con razón en su nueva línea ideológica. Si llevándolo en su programa y teniendo mayoría absoluta no han hecho nada para defender la vida o la familia natural, ahora que ni siquiera lo recogen en su programa con mayor motivo mirarán para otro lado. Se dirán “para qué meternos en líos si nos siguen votando de todas maneras”. Y así se hará realidad el voto cautivo y se afianzará aún más el aborto y la ideología de género. En definitiva, votar al PP puede ser pan para hoy (y con muchos reparos) pero sobre todo será mucha hambre para mañana. Es práctico a corto plazo pero terrible a largo plazo. Así que, yo en conciencia no puedo colaborar con mi voto a dicha tendencia.

      • Miguel Angel González Ortega says:

        Este razonamiento lo veo bastante débil. Es necesaria una opción fuerte que sirva de contrapunto a los planteamientos retrógrados, totalitarios y laicistas que están avanzando tan peligrosamente por culpa (en gran medida) de la crisis económica que estamos empezando a superar.
        Si se consigue dejarla definitivamente atrás, tales fuerzas surgidas del descontento y el eslógan fácil perderían el apoyo social, los ciudadanos verían lo peligroso que es que fuerzas así se hagan con el poder, tal y como la historia nos enseña continuamente.
        Es ahí donde la batalla para despertar las conciencias podrá tener éxito y es ahí donde ojalá exista una opción fuerte dispuesta a defender la libertad real del hombre, de su dignidad igual para todos.

  5. Outrider says:

    Y ustedes sois seres sin tacha, tocados por el dedo de Dios!
    Ustedes que la mayoría vienen del PP rebotados porque no tenían futuro en el.
    Ustedes que precio tenían cuando estaban en el PP y existía la Ley de plazos de Felipe González y callaban durante ocho años?
    Menos altura mora!, ustedes no sois mejores de quienes criticáis, simplemente ponéis otro precio por trincar a votantes.



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