MÍRAME, EDIPO

Hemos asistido a un momento irrepetible protagonizado por una joven compañía de teatro contemporáneo que reclama el derecho a interpretar libremente un mito inmortal

Por José Manuel Navarro Domínguez, profesor del IES Los Alcores.

Esta joven compañía de teatro lo ha dicho alto y claro desde el escenario de la Villa:
– ¡Mírame Mairena! ¡El teatro sigue habitado!
Como lo estuvo aquella cómica e inolvidable casa deshabitada y la un tanto más dramática casa de los siete balcones. Todos ellos venerables edificios rebosantes de seres con sangre ardiendo en las venas, aunque se le derrame por las cuencas vacías de los ojos, y coraje en el corazón desgarrado por el arte de las tablas.
Mirameedipo
Hemos asistido a un momento irrepetible protagonizado por una joven compañía de teatro contemporáneo que reclama el derecho a interpretar libremente un mito inmortal, que enfrenta al hombre a las grandes cuestiones de la vida. El derecho a vestir de chupa y zapatillas de deporte a los personajes de la obra que cierra el ciclo (Antígona, Edipo en Colono y Edipo Rey), más importante de la tragedia griega. Y hacerlo con el respeto debido al genial Sófocles, manteniendo los elementos clave para entender una historia escrita cuando desde las alturas del Toruño de Gandul aún se podía ver el mar.

Pero de altura la idea de hacer participes a todos los jóvenes actores de la dura carga de encarnar a Edipo, rey de Tebas, hijo de Layo y Yocasta, quien, por destino fatal, cometió sin saberlo los dos crímenes más graves: matar a su propio padre y casarse con su propia madre. Y de categoría los originales interludios lúdicos para elegir al sucesor bajo la pesada corona de Tebas. Dignos herederos del coro griego o del más cercano entremés cervantino (ya que estamos en año de centenario) que amenizaba los entreactos.

Interesante el continuo juego de disfraces, luces y cambios, que con un ropaje minimalista y un atrezo sencillamente inexistente, logró llenar de personajes el palacio de Tebas habitado por estos Edipos a tiempo parcial. Cada uno (y una, que hay que estar en todo), le dio su peculiar sabor al trágico rey, con mayor o menor acierto, pero con la pasión y entrega que marcan la madera de un actor, la savia de una actriz. Los momentos álgidos, los trágicos párrafos, recayeron en Sergio, capitán de pies hinchados como el protagonista, pero de pisar tablas más recias arrastrando carnavales. La altura, experiencia y madurez se impusieron en el actor con entidad para seducir, o ser seducido, por una intrigante, enredadora y sexy Yocasta (Lucía Aranda), con falda para que Estopa se diese más de un piñazo.

Con fuerza, pasión y entrega dieron también vida al conjunto de personajes secundarios que pululan por la obra, como el adivino Tiresias (Ana Moreno), enredado en las cuerdas el destino, Creonte, hermano de Yocasta, y a los pastores, mensajeros y pajes (Raúl Collantes y Cristina Mateos) que anuncian desgracias o testifican la verdad, que Edipo tiene que afrontar aun sabiendo que la verdad esconde trágicos desenlaces.

José Manuel Navarro y Juan José Morales han dado a Mairena una visión fresca de un clásico con 2.500 años a sus cansadas espaldas, que nos recuerda que Edipo somos todos, condenados por un destino implacable a cargar con nuestros errores como humanos, y a responder de ellos ante la asamblea de nuestros semejantes. Y ya tiene arte gritarle, con letras de sangre desde las paredes de toda Mairena, que mire a un Edipo que se arrancó los ojos hastiado de lo que veía. Y no faltan ganas ante el sórdido panorama que se ofrece ante los nuestros en estos tiempos de corrupción, ambiciones e intereses.

Mairena te ha mirado Edipo … y, a juzgar por el cerrado aplauso del respetable al hacerse la noche sobre el escenario, como Caronte, aguarda impaciente la próxima cita, que es de esperar, y desear, … sea en breve.

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