El pan de Mairena y la riada de Sevilla de 1783

A fines del s.XVIII la actividad panadera había alcanzado una gran relevancia en Mairena, contando con más de ochenta panaderos, harineros y atahoneros, de los cuales una veintena larga salían diariamente de Mairena hacia Sevilla y Carmona con una o dos cargas de pan cada uno

A fines del s.XVIII la actividad panadera había alcanzado una gran relevancia en Mairena, contando con más de ochenta panaderos, harineros y atahoneros, de los cuales una veintena larga salían diariamente de Mairena hacia Sevilla y Carmona con una o dos cargas de pan cada uno.Tal importancia alcanzó este suministro que los panaderos estaban exentos por el Consejo de Castilla de quintas y embargo de bagajes mientras garantizasen el abasto diario de pan a Sevilla y sus cuarteles, y la villa de Mairena obtuvo de la Corona el privilegio de exención de alojamiento de tropas por su consagración al abastecimiento. No resulta por tanto extraño que muchos jóvenes de Mairena se declarasen panaderos o mozos de molino para quedar libres del sorteo de quintas.

Imágenes de la riada de Sevilla de 1947

Pero era en momentos de escasez, epidemias o desastres naturales cuando más se apreciaba este vital papel jugado por Mairena en el abastecimiento de Sevilla. Buen ejemplo puede ser la gran riada sufrida en diciembre de 1783, que alcanzó tal envergadura que fue relatada por periódicos de toda la nación, como el Mercurio de España, publicado en Madrid, e inspiró obras literarias. La más famosa se debe a la pluma del beneficiado de la Iglesia de Carmona Cándido María Trigueros, quien escribió un poema épico de 1.894 versos y la más dramática fue la elegía o canción fúnebre Llanto de Sevilla causado de la portentosa avenida escrita por José de Thena.

Según señalan las crónicas, tras un otoño excepcionalmente lluvioso, a fines de noviembre de 1783 los habitantes de Sevilla observaban alarmados como el nivel del río Guadalquivir no dejaba de crecer día tras día. A principios de diciembre amenazaba con desbordarse y el puente flotante sobre barcas que cruzaba a Trianaalcanzó su cota más alta. El 19 de diciembre se salió de su cauce el arroyo Tagarete que rodeaba la Ciudad por el Oeste y discurría junto a las murallas, formando el foso naturalcerca de las puertas de Carmona y Osario y desembocaba en el Guadalquivir cerca de la torre del Oro. La riada inundó todas las huertas de la zona, el barrio de San Bernardo y la fábrica de Tabacos y cubrió el puente de las Madejas, el acceso de la carretera de Madrid por la puerta de Carmona, lo que suponía el corte de las comunicaciones de la ciudad por este punto.

Pero lo peor estaba por llegar. Las lluvias continuaron y el Guadalquivir crecía día tras día alimentado por los afluentes y los arroyos que drenaban toda el agua del Aljarafe y la Vega. A finales de diciembre el Asistente de Sevilla, Pedro López de Lerena, ordenó cerrar las puertas y asegurarlas con las dos hileras de tablones rellenas de sacos de tierra que estaban prevenidas para tales casos. Todavía en el Postigo del Aceite se conservan las ranuras preparadas para ajustar dichos tablones. Tras varios días de intensa tormenta el rio se llevo por delante el gran puente flotante, rompió las amarras y arrastró varios barcos fondeados en el puerto, e inundó todo el terreno llano circundante, arrancado árboles de raíz. El día 30 alcanzó las viejas murallas almohades que resistieron el embate pese a llegar el agua a una altura de 2 metros en la Puerta del Arenal. Pero el agua rodeó por completo la Ciudad convirtiéndola en una verdadera isla durante varios días. Los barrios situados extramuros, Triana, el Arenal, Resolana, Humeros, San Bernardo, San Roque y la Macarena, así como el monasterio de la Cartuja, quedaron completamente inundados.Los caminos estaban intransitables y el agua se extendía entre 6 y 10 km alrededor de la Ciudad, hasta las colinas del Aljarafe. Camas y La Rinconada estaban anegadas y en La Algaba se derrumbaron 60 casas. Las islas y la dehesa de Tablada quedaron cubiertas por el agua, pereciendo buena parte de los animales de las 60 piaras de ovejas que pastaban en estas zonas. Hasta el 2 de enero no comenzó a remitir la crecida, y lentamente fue bajando el nivel del agua en los días sucesivos.

Imágenes de la riada de Sevilla de 1947

Durante la semana corta que “estuvo la Ciudad aislada con un mar de agua en toda su circunferencia”, los sevillanos vivieron con el temor a que la riada lograse abrir brecha en las murallas y anegase la Ciudad y la angustia de encontrarse completamente aislados. Esta situación provocó el pánico en la población y el temor al desabastecimiento y “puso al vecindario en tal consternación que en vez de precaver el hambre lo promovía arrojándose cada uno a tomar en un dia tanto pan como el que necesitaba para diez”. Lógicamente el precio del pan se disparó pasando la hogaza de pan blanco de los 5 cuartos que valía antes de comenzar la riada a 2 reales (17 cuartos) y “… llevaba camino de llegar a 4 reales como en otras ocasiones”. El Asistente tomó medidas excepcionales para contener el precio del pan. Ordenó al mayor mercader de grano de Sevilla, Gregorio Vázquez, que le entregase el trigo y la harina que tuviese en sus almacenes y él mismo ofreció 1.000 quintales de trigo. Además dirigió oficios al Cabildo Eclesiástico, al Hermano mayor de la Hermandad de la Caridad, al Colegio de Maese Rodrigo y a los diputados de los gremios de la Ciudad para que repartiesen limosna y alimentos a los pobres.

Pero estas medidas no fueron suficientes. El propio Asistente reconocía que faltaba pan en la Ciudad “por uno de los muchos abandonos que hay aquí está Sevilla pendiente de los pueblos de Alcala, Mairena y otros que la proveen de el la mayor parte”.

El Asistente recurrió a Alcalá y Mairena remitiendo cartas a ambos cabildos para que “ningún panadero se detuviese y que todos viniesen a pesar del tiempo con el pan acostumbrado”. Llegó incluso a amenazar a la villa de Mairena con imponer una multa de 100 ducados si los panaderos dejaban de acudir a Sevilla. Pero el Cabildo de la Ciudad, que conocía el paño, se dejó de cartas y remitió directamente a dos caballeros veinticuatro (los regidores de la Ciudad) con algunas tropas para reforzar con las armas la orden del Asistente. Juan Manuel Uriortua se dirigió a Alcala y a Mairena llegó Diego del Campo.

El caballero veinticuatro de Sevilla Diego Antonio Felipe del Campo Rodríguez y Salamanca era alcaide de la Santa Hermandad por el estado noble y uno de los grandes propietarios de la Ciudad, con varias fincas en Sevilla y Castilleja de la Cuesta. La más importante, la hacienda de olivar llamada San Diego, la arrendada por 12.000 r. anuales. Conocía relativamente bien Mairena. En la villa poseía una casa situada en la calle Ancha y su hijo, Francisco del Campo y Amat, había construido unos años antes los molinos harineros del arroyo y arrendaba por entonces el cortijo de Tejadilla, una gran propiedad cerealista situada en la linde entre Mairena y Carmona con tierras en ambos términos, perteneciente al ducado de Arcos.

Imágenes de la riada de Sevilla de 1947

Los regidores tenían orden de pedir auxilio a las autoridades de las villas y usar la fuerza de sus hombres si fuese necesario para obligar a los panaderos a amasar y transportar el pan a Sevilla. Los panaderos señalaron que los caminos estaban intransitables por los numerosos socavones abiertos por la lluvia y que los puentes de acceso a la Ciudad estaban anegados o dañados por el agua. Tal como expusieron los regidores sevillanos, el Asistente López de Lerena había tomado las medidas necesarias para reparar el camino y los puentes y entradas a Sevilla. De estas obras de urgencia se encargó el arquitecto Félix de Carasa con una cuadrilla de albañiles. En un par de días quitaron los estorbos, despejaron los caminos retirando árboles y piedras, cubrieron los socavones más importantes y repararon los puentes y los malos pasos de los caminos estropeados por la lluvia.

Los panaderos de Mairena amasaron la mayor cantidad posible de pan, volvieron a reunirse de madrugada en el Calvario para partir con sus bestias camino de Sevilla y volvieron a concurrir a la plaza del Pan. Las hogazas de Los Alcores volvieron a surtir el mercado sevillano y el precio del pan descendió finalmente. En unos días la hogaza de pan blanco del mejor bajó a 10 o 12 cuartos y en pocas semanas recuperó los 5 cuartos que valían antes de la inundación.

Tal fue el éxito de la medida extraordinaria que una década más tarde, en abril de 1794, con motivo de una celebración extraordinaria con corridas de toros, el nuevo Asistente de Sevilla, marqués de Ustáriz, no dudó en recurrir al mismo procedimiento usado por su predecesor. Esperando la concurrencia de mucha gente, ordenó al Cabildo de Mairena el 25 de abril, que todos los panaderos de la localidad amasasen todo el pan que les fuera posible y lo llevasen a Sevilla.Pero no tuvo en cuenta que el 25 de abril era nada menos que el primer día oficial de la feria de Mairena, a la que habría acudido tanta gente o más de la que esperaba el Asistente en Sevilla. ¡Oportuno que fue el muchacho! No hemos localizado documentación que nos aclare que ocurrió en esta ocasión, pero conociendo a mis paisanos y el valor de la sin igual feria, dudo que acudiesen a la llamada tantos panaderos como lo hicieron una década antes.

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