Tasquitas

Esas tasquitas fueron fuente del buen flamenco mairenero, siendo la semilla para crear el festival de cante jondo

En Mairena tenemos hoy bares, cafeterías preciosas, algunas con lujo, restaurantes de categoría y con esmerado servicio. Mairena lo puede ofrecer con orgullo.

Pero no siempre fue así. Para comer las pensiones de Rosa en la calle Arrabal o la de Andrea (Ferreras) en la calle Ancha. Comidas caseras que con el primer plato de sopas con pan y chorizo ya quedabas satisfecho.

Y teníamos las “taquitas”, pequeñas, recoletas, con mostrador de madera, botijo de agua, aguardiente para las mañanas, y vino peleón de García de Villanueva del Ariscal, que llenaba las garrafas y que se ponía con tapa de altamuces y aceitunas “partidas y aliñás”. Un extra los arenques.

Una mesa y sillas de madera plegables como mobiliario y algún que otro calendario “escandaloso” o de paisajes en las paredes. Una bombilla de 15 ó 25 alumbraba el poco espacio interior.

En cambio el “casino” de la plaza y esquina Jorge Bonsor poseía unas elegantes mesas de base de máquina de coser y piedra de mármol sobre ellas. Y en su hermoso salón  una mesa de billar y mesas camillas para el juego del dominó o las cartas. Una pena que esto no se conservara. Daba otro “color” a la plaza de las Flores.

El Bar Cochero, que estaba al lado del Bar Libra y el Bar del Poli. En la imagen: José María Morales (José María El Cochero ‘niño’) e Higinio Morales Madroñal ‘Cochero’. Foto: Mairena Wiki, colección de Felisa Rodríguez, año 1935.

Entre las que recuerdo había una “tasquita” en la calle la Iglesia (Daoiz), la de Blas, el padre de Marci, donde ella ha hecho ahora una casa preciosa. Comenzaba la calle con la casa de la bodega, donde Peña tenía su negocio. Otra de solera era la de Claudio en la esquina de la carretera con S. Fernando (o Mesones), parada obligada para los que iban al autobús y de ebullición en la feria del Paseo, la feria de Mairena.

Uno de los centros de vida de Mairena era la “Barrera”, con tasca, barbería y comercio de tejidos, etc., y que concentraba el movimiento de no pocas personas. Aunque un poco posterior está la de la “Fuente Gorda”, en la calle Gandul junto a los ultramarinos de Hernández y al paso de todo lo que iba o venía de la plaza de Abastos, cuartel de la Guardia Civil, la vega y estación de ferrocarril.

La que yo tenía más cercana, junto a la barbería de Leocadio era la de Acosta, pequeñita, sede del buen cante cuando Antonio Mairena, con su hermano Curro y Diego de la Gloria bailando se explayaba con el flamenco cada vez que venía de sus giras con el bailarín Antonio. Todo aquel derroche de cantaores a un crío como yo, que dormía encima y el balcón abierto por el calor, no me dejaba dormir protestando a mamá por aquella exhibición cantaora. Lo que es la historia y lo que hubiera supuesto hoy.

Porque en las “tasquitas” se forjaron muy buenos cantaores. Grandes aportaciones al flamenco es de  Mairena. Aquella “intimidad” del mostrador de madera y la botella de vino por delante invitaba cuando se volvía de la vega. Que yo sepa esto se ha perdido, aunque quedan “residuos” –ahora más con cerveza- en la fundación Bulli.

Estas “tasquitas”, fuentes del buen flamenco, dieron material para que D. Enrique con Agustín alcalde, y el propio Antonio Mairena entre otros organizaran los primeros festivales en los terrenos del paseo.

Lo que fue una semilla sembrada en las “tasquitas”, se ha desbordado por encima de nuestras fronteras. Lo que se encerraba en el minúsculo espacio de la “tasquita” necesita el amplísimo anfiteatro donde se celebran los festivales. Y los frutos del cante no faltan entre nosotros.

Mairena ha dado siempre artistas de renombre, saeteros incansables, que hacían posible aquello de que eres “más pesao que la hermandad de Jesús” por el tiempo que en la plaza recibía estas plegarias saeteras. Los “gañanes” pasaban de la vega cantando a las “tasquitas” y derramando ese arte en la oración-saeta en Semana Santa. No hacía falta mucha organización. Era el pueblo volcado. Unos poniendo sus cualidades flamencólogas, otros escuchándolo con entusiasmo y fervor.

No me acuerdo de todas las “tasquitas”, pero sí que “alumbraron” en distintos puntos de nuestra población mairenera. Ahí afloraba lo más puro de nuestro flamenco, y los comentarios de la jornada.

Comentarios de “Tasquitas”


  1. Ángeles Troncoso Jimenez says:

    Yo recuerdo perfectamente el bar del Cochero y la tasquita de Acosta que tenia una rana de hierro para jugar,tenias que introducir las monedas desde una distancia en la boca de la rana!! Que recuerdos de la infancia entre otros!!Gracias por este artículo!!!



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