La detención del bandolero Francisco González

En la campiña sevillana se hicieron famosas algunas partidas de bandoleros, entre ellas, los Niños de Écija y la de los Carmonenses

Artículo publicado en la Edición Papel nº 124 Febrero-2019

En los años posteriores a la Guerra de la Independencia aumentó la actividad de las partidas y grupos de bandoleros en Andalucía. En la campiña sevillana se hizo famosa la partida de los Niños de Écija y, tras la detención o muerte de la mayor parte de sus integrantes, siguieron su estela otras partidas, como la de los Carmonenses, de la que formaban parte, entre otros bandidos, Puertas, Juan Granja, Ruiz, Burraco o Gregorio González.

Tras la Guerra de la Independencia aumenta la actividad bandolera en Andalucía

Representación de un bandolero andaluz del s. XIX

La mayor parte de los componentes de esta partida fueron detenidos o muertos entre 1818 y 1819, pero no se ha encontrado rastro alguno del último de los bandidos mencionados. Quizás la explicación se encuentre en una confusión con el nombre del bandido. Bien pudiera ser el Francisco González detenido en enero de 1819 en Mairena, pero ante la falta de documentación más precisa, no podríamos afirmarlo. Tales confusiones en los nombres no son infrecuentes. En el propio expediente de la partida aparece un bandido con varios apodos y varios bandidos con apellidos confundidos fruto de la identificación por diferentes autoridades y localidades donde los bandidos no eran conocidos.  Se carecía de documentos de identificación y los bandoleros eran los menos interesados en adquirir pasaportes o cédulas de identidad y frecuentemente daban nombres falsos para confundir a las autoridades. En la investigación se tiende a preferir la identificación realizada por las autoridades que mejor conocen al bandido, generalmente las de su localidad natal o de residencia.   

De Francisco González, salteador de caminos y cuatrero, tenemos documentadas dos actuaciones en el otoño de 1818. La primera denuncia fue presentada por un arriero al que asaltó en el camino de Mairena a Arahal, robándole el dinero que portaba y una de sus caballerías. El bandido se había ocultado en un olivar al borde del camino para poder sorprender al arriero. La segunda acción que se le imputa fue el robo de unos caballos que pastaban en una dehesa de Carmona. Uno de los guardas que le vio a cierta distancia declaró haber reconocido su caballo y sus alforjas.   

La actuación de este y otros bandidos llevó al cabildo de Mairena a adoptar precauciones extraordinarias como el aumento de las rondas del término por los guardas de campo, la vigilancia de los caminos por los alguaciles y la movilización de la partida vecinal, una partida de hombres armados que ayudasen a los alguaciles y guardas del campo en sus rondas. Estos vecinos voluntarios estaban equipados con escopetas de caza, montaban sus propios caballos y acudían cuando se les convocaba para una salida, cobrando unos 10 r. Se (reales).

Los bandidos daban nombres falsos para confundir a las autoridades

Un carácter diferente tenía la fuerza mandada por el teniente José Gómez, el Cabrero, natural de Mairena. Entre 1812 y 1823 dirigió una partida permanente de caballería dedicada a la persecución de desertores y bandidos en la comarca.

Pero la fuerza más eficaz contra los bandidos fue la tropa acuartelada en la comarca siguiendo el despliegue militar establecido en 1818 por el conde del Abisval, Capitán General de Andalucía, para acabar con las numerosas partidas de bandidos que infestaban el reino de Sevilla. En Carmona se acuarteló el regimiento de cazadores de Numancia, al mando del coronel Nicolás Chacón; a Écija y Lucena fueron destinados los escuadrones del regimiento de dragones 1º del Rey, al mando del coronel Juan de Vergara, y una compañía del batallón de infantería ligera nº 2 de Cataluña, fue destinada diversas localidades de la comarca. En Mairena se estableció una partida formada por un cabo y ocho soldados al mando del sargento segundo Simón Lorenz, y otras de similar composición se acuartelaron en Marchena, Fuentes y La Monclova.

El destacamento destinado en Mairena efectuaba salidas diarias para patrullar el camino de Mairena a Carmona, cubriendo también la zona de El Viso y en ocasiones efectuaba rondas por el término de Mairena. El Cabildo de Mairena informó muy positivamente a las autoridades militares de la actuación del sargento segundo Simón Lorenz durante el tiempo que sirvió en la villa, señalando expresamente que vigiló que los soldados no cometiesen excesos durante su estancia.

LA DETENCIÓN DE FRANCISCO GONZÁLEZ

A principios de enero de 1819 llegaron noticias al cabildo de Mairena de que Francisco González se movía por la zona del río Guadaíra, en las tierras linderas entre Mairena y Alcalá de Guadaíra. El bandido fue visto en varias ocasiones junto a otros en tierras de Carmona y Mairena. Varios guardas de campo y pastores le habían identificado y se presentaron las dos denuncias señaladas anteriormente.

Francisco González fue detenido en un cortijo de Mairena en 1819 y fue llevado preso a la cárcel de Sevilla

Finalmente un confidente de las autoridades de Mairena, proporcionó una pista fiable del paradero del bandido, que se ocultaba en chozas y refugios de los cortijos de la zona. El sargento segundo Simón Lorenz salió en su búsqueda con sus hombres, auxiliado por varios miembros de la partida vecinal de Mairena a caballo.  Tras rastrear la zona, el bandido fue localizado el 9 de enero de 1819 escondido en un cortijo del término de Mairena. Se encontraba solo, sin compañeros, por lo que los soldados no tuvieron excesiva dificultad para rodearlo y detenerlo. El suboficial al mando del destacamento, que apenas llevaba un par de meses destinado en Mairena, recogió en su informe que el cortijo se llamaba Don Juan, un nombre que no coincide con el de ningún cortijo o hacienda de la comarca. Posiblemente se tratase del cortijo Juanguarín, situado en la linde entre Alcalá y Mairena del Alcor.

Los soldados del destacamento condujeron al bandido a la cárcel de Sevilla, pese a que las cárceles de Mairena y Alcalá estaban más cerca. Pero su estado dejaba mucho que desear. El edificio de la cárcel de Mairena había sufrido considerables desperfectos en la Guerra del Independencia y, aunque en 1816 el Cabildo reparó las salas y los muros, los alguaciles no la consideraban segura. El cabildo de Mairena remitía los presos rápidamente a Sevilla, pues no se arriesgaba a tenerlos más de una noche en ella. Tampoco la cárcel de Alcalá merecía la confianza de las autoridades militares.

En los meses siguientes la mayor parte de los componentes de la partida de los Carmonenses fueron detenidos o murieron en enfrentamientos con las fuerzas desplegadas para perseguirlos. Pero en ninguno de los informes conservados se registra la presencia del bandido Gregorio Fernández ni se tiene noticia de su paradero.

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