El Progrepaternalismo


Por José Manuel Marín

En 1933 el partido Nazi ideó en Alemania una campaña llamada «Acción contra el espíritu antialemán». Durante cuatro semanas, los alemanes quemaron, en plena calle, toda la producción literaria perteneciente a judíos, marxistas, pacifistas y otros autores opositores o simplemente desagradables al régimen.

Fue un verdadero éxito, en pocas semanas, cualquier documento contrario a la ideología imperante había sido reducido a cenizas, obteniendo como resultado que toda la literatura disponible para la ciudadanía fuera en la misma «dirección ideológica».

Sinceramente, dudo que detrás de lo de HBO o detrás de los límites del humor, o detrás de «retocar» obras literarias clásicas para «adaptarlas a nuestro tiempo», haya un partido nazi. Lo dudo, porque dudo que un nazi esté tan relacionado con cualquiera de estas manifestaciones culturales, ya que esta gente echa el tiempo en otras cosas.

Sin embargo, ¿puede ser que ambos estén haciendo lo mismo?

En el siglo XVIII surge en Europa el «Despotismo Ilustrado», un concepto político fruto de las monarquías absolutistas propias de este período, basado en el lema «Tout pour le peuple, rien par le peuple». Lo que traducido resulta «todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Lo que traducido resulta que el pueblo no es lo suficientemente espabilao como para participar de los asuntos políticos, incluso ni para «ilustrarse», nunca mejor dicho.

Paternalismo en estado puro

Unos siglos después, el despotismo ilustrado ha derivado en lo que yo llamaría «Paternalismo Progresista» o «Progrepaternalismo» pero lo ha vestido de otro color. Es decir, nosotros como «pueblo» somos tratados por la «élite» como esos campesinos analfabetos y encabronados de la Ilustración, o como esa sociedad acojonada o llena de odio del Tercer Reich.

Por tanto, algún ente autoproclamado «Izquierda» o «Progresismo» decide, con lápiz rojo en mano, lo que tú y yo podemos o debemos ver y consumir, vaya a ser que te me vuelvas racista por ver una peli de negros. Algo que se parece bastante a lo que el Régimen Franquista, hacía por ejemplo con las letras de carnaval, a partir de lo cual, los autores de carnaval empezaron a utilizar el doble sentido y la ironía como armas para poder engañar al censor y a la vez llegar al pueblo.

Y es que ahí hay una clave: el pueblo no es tonto.

Tonto eres tú, que te crees que el pueblo es tonto.

Yo crecí viendo limitada la producción audiovisual del andaluz al yonki, el analfabeto, el payaso y la chacha. Pero, WTF! no consumo drogas, he estudiado una carrera, no tengo un trabajo relacionado con la limpieza y me río de lo que me sale de los cojones y te ríes conmigo solo si yo quiero. Y mira, no he necesitado que me taparas los ojos cuando esto salía por la tele, como si fueras mi padre guardando revistas porno encima del armario para que yo no pueda cogerlas porque no llego.

En mi concepto de libertad, que creo que está menos prostituido que el que tanto explota el «progrepaternalismo», cabemos todos. O sea, caben hasta los de Vox, porque yo confío en la educación de un pueblo que censure autónomamente y con sentido crítico y distinga a la BASURA por su propio criterio. Sin necesidad de que nadie nos la tire al contenedor, o nos tape la nariz cuando pasemos cerca de ella.

Porque, amigo, o amigue (para que entiendas que va por ti), esto que te estoy contando y que estáis haciendo desde hace unos años: cazas de brujas, linchamientos, scratches, quemas culturales simbólicas, pensamiento único y cambiar al «Principito» por «Princesita»

ESO, aparte de que se parece peligrosamente a lo que hacen los que supuestamente viven en vuestras antípodas ideológicas, también crea mártires.

Y nada genera más devoción que un mártir.

Si no, que se lo digan a los 4 millones de españoles que, en vez de tirarla, han votado a la basura.

 

 

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