¿EL 23- F HUBO “RUIDO DE SABLES” EN SEVILLA?
José Manuel Navarro. Doctor en Historia, profesor del IES Los Alcores
Hace 45 años el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 marcó la Transición y amenazó la estabilidad de la incipiente democracia española. A lo largo de aquella tarde sólo algunos altos mandos militares se mostraron, desde el primero momento, fieles al sistema constitucional, mientras otros estuvieron dubitativos y tardaron en responder a las llamadas y aceptar finalmente las órdenes del Rey y la JUJEM. Han circulado numerosos rumores sobre la actuación de las unidades militares aquella noche.
El caso de la Capitanía General de Sevilla ha sido polémico por la actitud de teniente general Pedro Merry Gordon y las dudas suscitadas en torno al “ruido de sables” detectado en los acuartelamientos sevillanos durante la tarde del 23 y la madrugada del 24 de febrero. Con efectivos acorazados de la 3ª división, la motorizada Maestrazgo, rodando por las calles de Valencia, y fuerzas de la 1ª división, la acorazada Brunete, saliendo de sus cuarteles en Madrid, la actuación de la 2ª división, la mecanizada Guzmán el Bueno, con sede en Sevilla, podía resultar decisiva para el éxito o fracaso del golpe. Con el testimonio de varios soldados que estaban realizando su servicio militar en aquella fecha, algunos naturales de las localidades de la comarca de Los Alcores, hemos podido aclarar los movimientos que se produjeron en los cuarteles sevillanos.

Desde la Plaza de España, sede de la Capitanía General de la II Región Militar, se controlaba toda la estructura del Ejército de Tierra en Andalucía Occidental y Extremadura. Se encontraba al frente el teniente general Pedro Merry Gordon, veterano de la Guerra Civil y conocido franquista. Miláns del Bosch contaba con él y le llamó para informarle del golpe y pedirle que se uniera. Atendió la llamada en su domicilio particular, situado en la propia Capitanía, y rechazó unirse, considerando que el golpe estaba destinado al fracaso por su improvisación. El Rey le llamó a las 19:00 preguntando por la situación en la región y respondió: «Majestad, aquí no hay novedad ni la habrá».
El segundo en el escalafón era el general Manuel Saavedra Palmeiro, jefe de la División Mecanizada Guzmán el Bueno, la segunda unidad más poderosa del Ejercito. Contaba con cuatro regimientos de infantería, uno de caballería, un regimiento y tres grupos de artillería, dos batallones de ingenieros y dos batallones logísticos, distribuidos entre Sevilla, Córdoba, Mérida, Badajoz y Jerez. El golpe le cogió en el cine Avenida viendo la película Casablanca y hasta las 22:30 no llegó a Capitanía. Durante su ausencia el general Gustavo Urrutia Gracia, jefe del Estado Mayor de la II Región Militar, controló la situación ordenando a las unidades mantenerse acuarteladas y que no se moviese nadie sin orden expresa del capitán general. Contó con el apoyo del general Manuel Esquivias Franco, gobernador militar de Sevilla, pese a ser buen amigo de Milans del Bosch.
La misma actitud mostraron el Almirante Alberto Lloveres, capitán general de la Zona Marítima del Estrecho, con sede en San Fernando, el teniente general Fernando de Querol Müller, jefe de la II Región Aérea, con sede en Tablada y el general de la Zona de Andalucía de la Guardia Civil, Diego Daza Ramírez. Todos ellos respondieron afirmando su fidelidad a la Corona. Por su parte, José María Sanz Pastor Mellado, gobernador civil de Sevilla, se puso a las órdenes de la Junta de Secretarios de Estado, presidida por Francisco Laína y convocó la reunión de la Junta Provincial de Orden Público, formada por los mandos del Cuerpo General de Policía y de la Guardia Civil para mantener el orden público en la provincia.
Si la II Región Militar no se implicó en el golpe ¿Qué era el “ruido de sables” que muchos testigos afirman haber oído en los cuarteles de Sevilla la noche del golpe?
Y Sevilla tenía cuarteles para reventar. Cerca de la plaza de España, estaba el cuartel de la Avenida de la Borbolla (sede del Regimiento Mixto de Ingenieros n.° 2); en Los Bermejales estaban el cuartel Alfonso XIII (Regimiento de Caballería Sagunto n.º 7) y el cuartel Queipo de Llano (Grupo de Artillería Antiaérea Ligera y Agrupación Logística n.° 2); en Pineda estaba el cuartel Daoiz y Velarde (Regimiento de Artillería de Campaña nº 14); en la Pirotécnica y la Maestranza de Artillería estaban las unidades de armamento y recluta y en el cuartel de San Fernando, en la avenida de Málaga, estaba ubicado el regimiento Soria n.º 9, que tenían su batallón de carros en el cuartel de Las Canteras, cerca de Gandul.
Pero a las 18:25 de la tarde, cuando Tejero entró en el Congreso de los Diputados, en todos estos cuarteles apenas se encontraba el personal de guardia o servicio, habiéndose marchado ya a casa la mayor parte de la oficialidad y los soldados con pase de pernocta. Varios soldados que cumplían el servicio militar en el Cuartel de Las Canteras recuerdan que no estaban ni la mitad de los que formaban su compañía. Al anochecer recibieron órdenes de permanecer alerta y equipados, con las armas dispuestas, munición de combate y raciones de campaña para dos días. Sobre las tres de la madrugada la unidad de repostaje recibió la orden de cargar combustible a todos los carros, los cincuenta M-48A5E1 del Soria n.º 9. Y varios militantes comunistas de Alcalá informaron a la sede del partido en Sevilla que se estaba distribuyendo munición a los carros. También fueron puestas en alerta las compañías del regimiento Argel n.º 27, la unidad de adiestramiento de reclutas ubicada en Las Canteras. Los soldados entrevistados afirman que algunos apenas llevaban unas semanas de servicio militar, que no habían realizado instrucción de disparo y, a pesar de ello, recibieron armas y munición real. Algunos permanecieron toda la noche en los barracones, vestidos y equipados, a la espera de órdenes. Los periodistas que vigilaron la Capitanía General y los cuarteles esa noche y los soldados destinados en ellos que hemos podido entrevistar, coinciden en que ninguna unidad de la división salió de los acuartelamientos.
Todo el “ruido de sables” que se produjo el 23 de febrero de 1981 en Sevilla y los cuarteles próximos, respondió, no a preparativos para el golpe, si no al estado de alerta de la Operación Diana. Era el plan previsto por las Fuerzas Armadas para garantizas la integridad territorial y el ordenamiento legal en caso de que se produjese un vacío de poder, con arreglo al artículo 8º de la Constitución de 1978. La Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM), máximo órgano de mando conjunto de los tres ejércitos, ordenó a las 21:15 de la noche la puesta en marcha del nivel Alerta 2 de la Operación Diana, que implicaba el acuartelamiento de las unidades y su equipamiento. El teniente general Merry ordenó cumplir las órdenes de la JUJEM, e inmediatamente el general Gustavo Urrutia dio traslado de la orden a las distintas guarniciones, para que se equipasen las unidades militares y estuviesen preparadas para movilizarse, si se les ordenaba hacerlo. Pero el siguiente nivel de la Operación Diana nunca fue activado y las unidades se desmovilizaron en los días posteriores.
Aunque en algún momento se dijo que la base aérea de Morón de la Frontera fue puesta en alerta antes de la acción de Tejero (como prueba del conocimiento del golpe por parte de los Estados Unidos), los soldados destinados en la base recuerdan que la situación de alerta fue ordenada bien avanzada la tarde y que muchos soldados habían salido ya con pase de pernocta. Parece que el golpe les cogió igual de “preparados” que al resto de los acuartelamientos de la provincia.
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NAVARRO DOMÍNGUEZ, José Manuel. “Ruido de sables en Sevilla. El 23- F contado por quienes lo vivieron”,
XVII Jornadas de Historia y Patrimonio sobre la Provincia de Sevilla. Sevilla: ASCIL, 2020.
