El IESA-CSIC ‘destapa’ una nueva especie de conejo en la Península Ibérica
Una investigación liderada por investigadores del centro cordobés logra distinguir el conejo ibérico del europeo, siendo un hallazgo que permitirá mejorar los programas de seguimiento y su conservación
Un nuevo estudio revela que la Península Ibérica alberga dos especies de conejo y no una como se pensaba hasta ahora. Se trata de un hallazgo que recoge el artículo «When taxonomy lags behind evolution: Conservation implications of cryptic diversity in the Iberian rabbit» («Cuando la taxonomía va por detrás de la evolución: Implicaciones para la conservación de la diversidad críptica en el conejo ibérico»), publicado recientemente en la revista Biological Conservation, por personal científico del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC).
La investigación internacional, liderada por los investigadores del grupo TRAMAS del IESA-CSIC, Rafael Villafuerte y Miguel Delibes-Mateos, que cuenta con la participación de expertos de diversas instituciones de España, Portugal y Reino Unido, analiza las diferencias entre ambas especies de forma concluyente.
La nueva especie reconocida, el conejo ibérico (Oryctolagus algirus), le debe su denominación a su procedencia exclusiva de la Península Ibérica, con la excepción de algunas islas atlánticas y el norte de África donde fue introducida por los humanos, y se distribuye de forma natural por todo el territorio portugués y el oeste español. Por su parte, el conejo de origen europeo (Oryctolagus cuniculus) se encuentra en el este español, como en casi toda Europa, Oceanía, Argentina, Chile y numerosas islas oceánicas.
Los autores coinciden que reconocer esta diversidad no implica cambiar la realidad, sino comprenderla y describirla con mayor precisión. “Las dos especies siempre han estado ahí, pero lo que ha cambiado es nuestro conocimiento sobre ellas”, indica Villafañe, «lo que permitirá reinterpretar mejor numerosos resultados obtenidos en el pasado y diseñar estrategias de gestión y conservación más eficaces para cada una de las dos especies».
Diferencias entre las dos especies
En este artículo, los autores sintetizan los resultados derivados de investigaciones de diversas disciplinas que muestran las diferencias entre ambas especies, que incluyen características genéticas, morfológicas, ecológicas, reproductivas y comportamentales, junto a diferencias en el estado de las poblaciones.
Así, por ejemplo, el conejo Ibérico presenta menor tamaño y peso que el conejo europeo, y de media, produce un menor número de descendientes por camada. Las diferencias también se extienden a la trayectoria de crecimiento, comunidades de parásitos, composición del microbioma intestinal o incluso, las propiedades de la carne.
Una historia evolutiva diferente
Los dos conejos, que se consideraban hasta la fecha subespecies del conejo europeo, divergieron hace aproximadamente dos millones de años tras quedar aislados en dos refugios glaciares situados en extremos opuestos de la Península Ibérica: uno en el valle del Ebro y otro en el Golfo de Cádiz.
El estudio, realizado en el centro investigador cordobés, recuerda que a pesar de que ambos son muy parecidos a simple vista y durante más de un siglo se han tratado como una única especie, la evidencia científica demuestra que su historia evolutiva, biología y situación de conservación son diferentes. Actualmente, ambas especies mantienen distribuciones separadas en la península.
La investigación ilustra cómo la ciencia avanza al incorporar nuevas evidencias, sostienen los autores, pues en ocasiones, organismos que parecen prácticamente idénticos, denominados “crípticos”, esconden historias evolutivas independientes que sólo pueden descubrirse a través de estudios integrados.
Implicaciones para su conservación
Los autores del artículo plantean que reconocer esta diversidad es fundamental para comprender mejor la realidad del conejo ibérico y mejorar su conservación. Ambos conejos constituyen una pieza clave de los ecosistemas mediterráneos y son la presa principal de hasta 40 especies de depredadores emblemáticos como el lince ibérico.
Sin embargo, mientras el conejo europeo mantiene poblaciones estables e incluso crecientes en determinadas zonas, el conejo ibérico experimenta un acusado declive en gran parte de su población. Según los autores, continuar evaluando ambas especies como si fueran una sola, como se ha hecho hasta ahora, puede ocultar la situación real de la más amenazada y dificultar la adopción de medidas de conservación específicas. “No podemos seguir gestionando como una sola especie dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años”, explica Miguel Delibes-Mateos, investigador del IESA-CSIC.
En este sentido, su reconocimiento como especies distintas permitirá mejorar los programas de seguimiento, las evaluaciones del estado de conservación, las translocaciones, la planificación cinegética y las estrategias de recuperación, evitando extrapolar resultados obtenidos para una especie a la otra.
Este trabajo ha contado con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España a través de los proyectos de referencia PID2020-114724RB-I00 y PID2023-152079OB-I00.

