Ante las elecciones generales

Los católicos no podemos entrar en cuestiones de partidos políticos ni se nos puede decir a quién debemos votar. Nuestra tarea es reflexionar sobre las opciones que se nos presentan y actuar en conciencia

El próximo domingo 20 de noviembre los ciudadanos españoles ejercitaremos el derecho al voto para elegir a los diputados y senadores de una nueva legislatura. De ahí saldrá el nuevo gobierno que regirá los destinos de nuestro país durante los siguientes cuatro años. Ante esta situación, la Conferencia Episcopal Española publicó el pasado mes de octubre una Nota dirigida a los «católicos y a cuantos deseen escucharnos» para que ejerzamos el voto de una manera libre y responsable.
Su Santidad el Papa Benedicto XVI visitó en septiembre Alemania. El día 22 ofreció un discurso ante el Parlamento –el Bundestag- que nos puede servir como texto muy esclarecedor. Tomando como base el relato bíblico de la entronización del rey Salomón, el Papa hace una reflexión sobre qué es lo importante para un político, cuál tiene que ser la principal y primera motivación para su trabajo. La política debe ser un compromiso permanente por la búsqueda de la justicia y la paz. El Estado debe ser un instrumento al servicio del derecho, al servicio de los ciudadanos. A lo largo de la Historia, e incluso en la actualidad, tenemos suficientes ejemplos que nos demuestran que la mayoría política no basta como único criterio para establecer normas. Existen ciertas cuestiones que, por su suprema importancia, deben ser iluminadas por principios superiores que el legislador debe respetar.
Por tanto, nuestro esfuerzo y el de los legisladores –a quienes elegiremos democráticamente el domingo- deben fundarse en la búsqueda de la justicia. El Papa decía en dicho discurso: «En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados en modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha referido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios». Los católicos tenemos la responsabilidad de buscar esa armonía, de defender que las normas que rigen nuestra vida en comunidad no son válidas únicamente porque sean el producto de una producción reglada o deriven del órgano competente, sino además porque son el fruto de una búsqueda de la verdad y la justicia.
Los principios que hoy consideramos básicos como son los derechos humanos, la igualdad o la dignidad humana son fruto de la creencia en un Dios creador. Los católicos no podemos entrar en cuestiones de partidos políticos ni se nos puede decir a quién debemos votar. Nuestra tarea es reflexionar sobre las opciones que se nos presentan y actuar en conciencia. No obstante, como recoge la Nota de los obispos en su punto quinto, debemos llamar la atención sobre opciones legislativas que no tutelan efectivamente derechos fundamentales para la sociedad, como la vida o la libertad de conciencia. Por ello, «cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento».
No podemos terminar sin hacer una referencia a la grave crisis económica que afecta a nuestro país. El nuevo gobierno que resulte de las elecciones así como la sociedad en general debemos dar una respuesta rápida y efectiva ante quienes sufren más duramente esta situación. Tarea específica del gobierno será llevar a cabo políticas sociales y económicas que propicien el trabajo y atiendan a las personas más desfavorecidas.

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