Una de franceses invasores y maireneros resistentes

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José Manuel Navarro (dcha.), autor del libro, junto a Jorge Rodríguez (izq.), delegado de Juventud y Festejos del Ayuntamiento de Mairena.

Las peculiaridades de Mairena del Alcor, sus características como pueblo, su economía y organización política, así como el efecto y aportación que sus gentes hicieron a la Guerra de la Independencia, en la que Napoleón Bonaparte involucró a toda la piel de toro salpicando de paso a algunas de las potencias europeas, configuran el hilo argumental y la temática del libro ‘Mairena del Alcor en la Guerra de la Independencia’, que el profesor José Manuel Navarro Domínguez acaba de presentar en la Feria del Libro del municipio, editado por el Ayuntamiento.

Basado a grosso modo en su propia tesis universitaria, la obra viene a rellenar un vacío en la historia del pueblo, unificando la no poca documentación existente en el archivo municipal con la dispersada en otros de fuera, emulando a aquellos personajes de Pidandello “en busca de autor”, aunque salvando las diferencias. Algunas claves del tomo fueron avanzadas años atrás por el enseñante mairenero en la Semana de la Historia de la villa. Si bien, la mayoría de los detalles constituyen una novedad historiográfica e informativa, compendiada en 423 páginas que a buen seguro no pocos devorarán, pues amplían el acervo a ese periodo de la historia local de 200 años. La obra se amplía además someramente al resto de ciudades de la comarca de Los Alcores, e incluso conecta con la realidad general de un conflicto que infligió tanto dolor al pueblo español que exacerbó su patriotismo.

Entre los legajos más apreciados que lo documentan figura una carta en francés al comandante de los lanceros polacos que combatieron junto a las tropas napoleónicas, incautado al ejercito galo en huida, de cuya envergadura Navarro asevera ser tal “que no lo hay en ningún otro archivo, ni incluso de capital, como lo tenemos en el mairenero”.

Otra temática abordada alude al carácter más abierto y democrático del poder local debido a la tradición pactista de Mairena, traducida en la elección y nombramientos de los cargos de su Cabildo. A diferencia por ejemplo del carmonense, que por su carácter jerárquico gozaba de menor dinamismo, consenso y determinación para combatir al ocupante. El modelo permisivo de la Casa de Arcos fue esencial en este sentido frente a la inoperatividad de la Ciudad de la Luz, regida por una clase muy alta y privilegiada, más ocupada en ocasiones de sus disputas y personalismos que de resolver.

Importante contribución a la liberación del francés

Mairena contribuye de manera considerable a combatir al francés. Precisamente uno de los arietes fue el general Luis Daoiz, quien tenía fuertes vínculos con el pueblo, donde residía su abuela en la calle hoy precisamente rotulada con su nombre. Las frecuentes visitas del héroe supusieron impulso e inspiración a la contribución del pueblo a la causa. Ésta se tradujo en reclutamiento y avituallamiento de las tropas, según tocara, francesas o españolas. Que incluso en el caso de las primeras llegaron a contar con acuartelamiento en el barrio de Alconchel. También en su tránsito hacia Cádiz tras la derrota final, mando y soldadesca gala fueron custodiados en la Venta Raga (hoy La Posada). Sin descontar la constitución de una Junta Local de Defensa, en réplica a lo ocurrido en tantos otros pueblos. Hubo gran contribución a las tropas del general Castaño de cara a la Batalla de Bailén, concretada en algo de tropa, pero sobre todo bastante intendencia y transporte, pues el desarrollo de este sector gozaba de pujanza en Mairena. Un grano de arena igualmente para combatir a los generales Dupont y SALT, y el fortalecimiento de las guerrillas contra el invasor, mientras el Soberano se hallaba encarcelado en Francia.

De aquellos años, lo peor fueron los saqueos y altercados de la soldadesca gala, documentada en un innumerable anecdotario de excesos y tropelías, borracheras, disturbios y toneles rodando por las calles. Incluso ataques a la autoridad legítima, como la rotura de la vara de mando al alcalde en su cabeza ante una desavenencia. Mal año aquel 1810 con el avance de los franceses a la conquista de Cádiz, aunque más de un abusón terminó escaldado ante los actos heroicos protagonizados en ocasiones por algunos maireneros, pero sobre todo maireneras, hastiados de tanto exceso.

El éxodo de muchos habitantes al campo donde guarecerse mejor fue otro de los efectos de la ocupación. Si bien tampoco en el agro faltaron los incidentes, contrarrestados con gan astucia por el pueblo para proteger sus vidas, hacienda y bienes, no perdiendo ocasión, puestos a resguardo, para desagraviar o vengarse del fanfarrón.

Sociedad: agrícola, comercial, abierta y casi democrática

La Villa tenía entonces tan sólo 2.500 habitantes, y su estructura poblacional, económica u organizativa la hacían más abierta que otras de similares características. Poseía una capa social media superior a otros municipios, en concomitancia con la vecina Alcalá de Guadaíra. Siendo ambas antitéticas en este aspecto a la señorial Carmona, más piramidal y estratificada en lo social y reparto económico. Todos eran señoríos, pero el reparto de la propiedad de la tierra era en Mairena más equitativo, lo que unido a una actividad comercial y embrionaria industrial, la hizo soportar mejor los rigores de la ocupación. Arrieros, transportistas, molineros y panaderos (autoempleo) configuraban una suerte de clase media junto a los referidos ‘manchoneros’ y hortelanos. Colchones ante los rigores de sociedades más feudalizadas, como el libro desvela tras las investigaciones de su autor.

Llama la atención el dato de que un tercio de los panaderos y pan que llegaban a Sevilla no eran de Alcalá sino de Mairena del Alcor. O que el grueso de clase media representaba el 19%, y las clases altas no existían. Asimismo, que la feria ganadera, los viñedos (aún no extinguidos) y lagares complementaban como fuentes la economía local.

Mientras que en relación a lo político y social, resalta ese correlato en la organización política. Todos los pueblos eran señoríos, pero frente a la rigidez de la oligarquía carmonense, los señores de Osuna y Arcos vivían en Madrid, refrendando en la práctica cada decisión del Cabildo mairenero, lo que por lógica se trasladaba en democratización y solidaridad entre la gente del pueblo. Los cargos se elegían y renovaban, siendo de designación y vitalicios en Carmona.

Sin duda, el reparto de la propiedad determinaba tanto la economía como el carácter del poder. Carmona contaba con un 10% de desheredados, 59% de jornaleros (50% en Mairena) y 8% de propietarios. La virulencia de las hambrunas aparejadas a la crisis fue allí devastadora y en Mairena escasa aquellos años en que el invasor francés hizo por estos lares ‘de su capa un sayo’. Por lo que para José Manuel Navarro no cabe duda de que la clase media y el Cabildo con su solidaridad, amortiguaron los rigores de tan malos tiempos contribuyendo de paso a que “en Mairena se respiraba un aire más libre”.

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