El voto útil

Desde su misma fundación, el militante de VOX se desespera al conversar con sus simpatizantes y posibles votantes, los cuales muchas veces le alaban su programa y dicen desearle lo mejor al nuevo Macario Valpuestapartido, y sin embargo le niegan el voto sistemáticamente con la excusa del tremendo miedo que sienten a que la izquierda llegue al poder.

– ¿Pero no te das cuenta de que el PP ha traicionado todos sus principios?

– Sí, pero hay que frenar como sea a la izquierda, a esa gran coalición PSOE-IU-Podemos que puede llegar al poder.

Analicemos cuidadosamente esta opinión que, en gran medida, parece tener un cierto fundamento. En efecto, para un votante liberal-conservador son evidentes los daños objetivos para el país que se pueden derivar de una nueva pasada por la izquierda. Con el pretexto de aumentar el llamado “gasto social”, las políticas socialistas incrementarán el déficit exprimiendo aún más a las sufridas clases medias y creando nuevas redes de clientelismo y de dependencia. Para colmo, la izquierda es una verdadera maestra en el arte de culpar a los demás de sus fracasos, de modo que ya podríamos predecir cómo, al cabo de cuatro años, cuando sus descerebradas propuestas hayan creado aún más paro, corrupción  y déficit, los políticos izquierdistas culparían a la Merkel, a los bancos, a la CIA o al General Franco del desastre que inevitablemente causarán. Esta película ya la hemos visto muchas veces.

Sin embargo, la alternativa que ese recalcitrante «pepero» propone -votar de nuevo al PP- no nos parece muy satisfactoria. Por lo pronto, la lista de incumplimientos del programa electoral que llevó a Rajoy a la mayoría absoluta se acerca a un pleno igualmente absoluto: la Ley del Aborto, la Ley de Memoria Histórica, el mantenimiento de las leyes inspiradas en la ideología de género, debilidad ante el desafío secesionista en Cataluña, mantenimiento de la Alianza de civilizaciones, continuación del mal llamado “Proceso de Paz”, política de ayuda a los medios informativos progresistas y de hostilidad contra los afines, etc, etc. Sinceramente es difícil encontrar algún problema español afrontado seriamente desde la perspectiva de lo que decía el ideario del partido. Estoy seguro de que la mayor parte de los interlocutores de derecha -tal vez con algún matiz en algún punto- está de acuerdo que la política de Rajoy ha consistido en una  claudicación en toda regla en todos y cada uno de estos asuntos, en una actitud que muchas veces no sabemos si interpretar como complicidad, como cobardía o como simple relativismo. Tampoco la lucha contra la corrupción, otro de los problemas que causan una mayor alarma social en nuestro país, ha sido una bandera de este partido. Y, no obstante, muchos votantes consideran que no apoyar al PP puede significar una calamidad para España:

– Bueno, pero por lo menos han arreglado la economía, ya que gracias a ellos Europa no nos ha tenido que rescatar y ya estamos saliendo de la crisis.

Es absurdo negar que la coyuntura económica ha mejorado con respecto a la calamitosa situación en que nos dejó ZP, personaje de infausta memoria. Resulta evidente la mejor capacidad de gestión que tienen los populares frente a la incompetencia del gobierno anterior. Pero si analizamos fríamente las medidas tomadas en esta materia, comprobamos que son las típicas que habría tomado un político social-demócrata más o menos serio: incremento desmesurado de impuestos y mantenimiento de un costosísimo sistema autonómico, todo ello en un contexto en el que países como Francia y Alemania han reducido el peso de sus regiones y Lander. Mientras tanto, los grandes desequilibrios de nuestra economía están intactos: el mercado laboral sigue siendo demasiado poco flexible (pese a la tímida pero positiva reforma), el mercado energético sigue desordenado, y lo que es más grave de todo, el Estado se sigue endeudando cada vez más para los gastos corrientes. Y por supuesto se ha reconocido el gravísimo problema de la demografía alarmante, que tenemos, con una sociedad cada vez más envejecida y una natalidad hundida. Con estos datos el sistema público de pensiones está llamado a quebrar más pronto que tarde, ante la ceguera de nuestros estatistas políticos que, por mucho que se peleen, están todos de acuerdo en este punto esencial.

Por decirlo en términos plásticos, España es hoy un gran trasatlántico que tiene vías de agua en sus bodegas, vías que se pueden agrandar si gobierna la izquierda, pero que en todo caso, los señores del PP no van a cerrar. El barco se está hundiendo, con el PP lo hace muy lentamente; con la izquierda el proceso se aceleraría. Teniendo en cuenta que la Unión Europea ofrece aún un cierto paraguas protector, ¿no sería mejor dejar que la izquierda agravara los problemas, a ver si el desnortado pueblo español se da cuenta de una vez hacia dónde nos conducen las políticas socialdemócratas?

¿No es más lógico votar a un partido, como VOX, que sí cree en los valores liberales-conservadores y que pretende aplicarlos? Estoy seguro de que la única posibilidad de regeneración del PP pasa por una debacle electoral y con el reconocimiento de que no se puede traicionar a los votantes de forma tan descarada, como lo ha hecho la cúpula (Rajoy, Arriola…) que ahora lo controla.

Como se dice popularmente en Andalucía, seguir con el PP va a ser “la muerte a pellizcos”.

Macario Valpuesta Bermúdez

Profesor de Derecho Romano

Universidad Pablo de Olavide

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