El origen de la fortuna de George Edward Bonsor

George Edward Bonsor y Saint Martin constituye una figura señera de los inicios de la arqueología en España, a caballo entre los siglos XIX y XX. Desarrolló a lo largo de su vida una gran labor científica; creó, junto a su socio Juan Fernández López, el primer museo de sitio español en la Necrópolis de Carmona; organizó un museo personal, ubicado en el castillo de Mairena del Alcor, que restauró para establecer su residencia particular; intervino en la excavación de numerosos yacimientos arqueológicos de primera fila, como Carmona, Baelo Claudia, Gandul, Setefilla o Acebuchal, y exploró las orillas del Guadalquivir y el Genil, guiado por la obra Naturalis Historia, del escritor romano Plinio, y el coto de Doñana, siguiendo la Ora Maritima de Avieno, intentando localizar Tartessos. Bonsor introdujo modelos de excavación europeos, el registro sistemático de la actividad, el diario de la excavación, la localización en planos de los restos hallados y el análisis estratigráfico. Además, publicó numerosos trabajos que continúan siendo obras de referencia de obligada consulta en el estudio de la Arqueología en España. Les colonies agricoles prérromaines de la vallée du Bétis fue el primer gran estudio sistemático de la Andalucía prehistórica y su trabajo Tartessos, fue el primer estudio de campo sobre la localización del mundo tartesio.

Esta extensa labor arqueológica y sus aportaciones en el ámbito de la museografía han sido ampliamente analizadas por los investigadores, estudiando la abundante y rica documentación conservada en su archivo personal, hoy propiedad del Ayuntamiento de Mairena del Alcor. Pero, hasta el momento, poca atención se ha prestado al análisis de las fuentes de financiación de esta labor científica en el campo de la arqueología en una época en que el apoyo estatal a ésta, como a otras ramas de la investigación, era prácticamente nulo en nuestro país. Ninguno de los numerosos investigadores que se han acercado a la figura del arqueólogo han analizado el origen de sus recursos económicos, que hasta ahora era terra ignota.

El estudio de su fortuna
Se ha apuntado a la venta de piezas arqueológicas como la clave que le permitió mantener un elevado nivel de vida sin ejercer una profesión conocida. Bonsor actuó, de facto, al menos durante una década, como un “agente comercial” para A. M. Huntington, el millonario norteamericano fundador de la Hispanic Society of America, a quien vendió parte de su colección. En su diario de compras, ventas y excavaciones aparecen detalladamente anotadas dichas ventas, que hasta 1928 le supusieron un total de 96.527 pesetas. Es una cantidad importante, pero insuficiente para explicar el elevado nivel de gasto que mantuvo Bonsor a lo largo de su vida. No pudo ser su única fuente de ingresos pues la primera venta documentada data de 1905, cuando Bonsor llevaba más de 23 años excavando en los Alcores. Tampoco sus otras actuaciones económicas conocidas explican su nivel de vida. Aunque Jorge Bonsor y su socio Juan Fernández intentaron que la Necrópolis de Carmona se sostuviese con la venta de entradas, las visitas fueron escasas y ambos socios se vieron obligados a sufragar de su bolsillo una crónica situación deficitaria. Y tampoco las pequeñas hazas de olivar que adquirió proporcionaron a Bonsor ingresos importantes.

La clave para el estudio de sus ingresos financieros tenemos que buscarla en la correspondencia mantenida entre 1893 y 1930 con la compañía Vivian Gray & Co, una de las mayores empresas de gestión financiera de Londres; las libretas de gasto correspondientes al periodo 1900 – 1930 y una libreta con las compras y ventas de piezas y los gastos de las excavaciones efectuadas entre 1894 y 1929. Como elemento complementario tenemos la documentación de la Necrópolis de Carmona y la de los archivos municipales de Mairena del Alcor y Carmona sobre las propiedades que poseía Bonsor. Además, puede verse su testamento español, en el que nombraba a su joven esposa, Dolores Simó, heredera universal de todos sus bienes en España, aunque no se ha localizado el testamento inglés, en el que legaba sus bienes situados en Inglaterra a sus dos hermanas.

Un rentista aficionado a la arqueología
Bonsor era un rentista burgués británico, sólidamente asentado en su riqueza financiera heredada de su familia, que podemos estimar entre 8.000 y 10.000 libras (256.000 y 320.000 pesetas). Esta herencia, gestionada por la empresa financiera Vivian Gray & Co, le proporcionó un más que aceptable beneficio. Podemos estimar que su inversión mantuvo una rentabilidad básica de entre las 400 libras y las 600 libras anuales (12.800 pesetas y 16.000 pesetas) que osciló en función de la evolución de los valores de bolsa y del cambio libra/peseta. Esta fortuna reportó a Bonsor el 65 % de sus ingresos, la venta de piezas arqueológicas y obras de arte supuso el 15,5 %, la venta de los dos cuadros de Valdés Leal el 16 % y las restantes actividades apenas el 2,6 % de sus ingresos.

Teniendo en cuenta toda la documentación disponible podemos estimar que entre 1893 y 1930 Bonsor obtuvo unos ingresos de unas 622.000 pesetas y habría obtenido un ingreso medio anual de 16.186 pesetas. Esto representaba una cantidad equivalente al sueldo de un alto cargo de la administración central española y a la mitad del sueldo de un ministro español de la época (30.000 pesetas anuales en 1900).

Contar con ingresos de tal envergadura le permitió sostener un elevado tren de vida, con un gasto anual medio de 12.864 pesetas entre 1893 y 1930 y residir en un castillo histórico, lo más aproximado que pudo conseguir a la lujosa mansión campestre de su familia inglesa, materializando en una curiosa forma el viejo dicho inglés. El castillo, sobre el que ondeaba la bandera británica, era atendido por un servicio numeroso, compuesto por el matrimonio José Rodríguez y Concha Fuentes (con un sueldo conjunto de 40 pesetas hasta 1919 y de 50 pesetas a partir de dicho año), una cocinera y una o dos doncellas (que percibían 10 pesetas). Un modo de vida que le aproximaba a la burguesía media española de la época.

Pero Bonsor, lejos de vivir la vida ociosa que su riqueza le permitía, dedicó sus ingresos a financiar su afición por la arqueología (una verdadera pasión a la que consagró su vida), siguiendo la línea marcada por Evans o Schliemann, convirtiéndose en uno de los grandes pioneros de la arqueología científica en Andalucía. Dedicó los casi 50 años que vivió en España a excavar en busca de su pasado, legando al Estado, al final de su vida, la Necrópolis romana de Carmona, y a su joven esposa su colección particular, conservada en su residencia, el castillo de Luna de Mairena del Alcor. Pudo costear con relativa facilidad las numerosas campañas de excavación desarrolladas a lo largo de su vida por todo el bajo valle del Guadalquivir, comprar a excavadores y anticuarios las piezas que le interesaban y realizar lo que denominaba su “anual peregrinación”, viajando en verano a Francia, Bélgica, Inglaterra y otros países de Europa.

Su actividad como tratante de piezas arqueológicas y objetos artísticos, permitió a Bonsor completar sus ingresos, disminuyendo la necesidad de recurrir a su patrimonio financiero. Las ventas realizadas entre 1893 y 1928, cubrieron el 20 % del gasto total registrado en el mismo periodo. Y al final de su vida, la venta de los Valdés Leal le permitió ofrecer cierta estabilidad económica a su joven esposa, y pronto viuda, invirtiendo su importe en valores bancarios españoles, en un intento de asegurarle un futuro con una base económica similar a la que había sostenido su actividad a lo largo de su vida.

Bibliografía
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