Cara y Cruz de Mairena del Alcor durante la dictadura de Primo de Rivera

Por José Manuel NAVARRO DOMÍNGUEZ

El periodo comprendido entre 1923 y 1931 estuvo marcado por la dictadura de Primo de Rivera, un régimen que, pese a la falta de libertades, consiguió un cierto apoyo social mientras la coyuntura económica internacional de carácter expansivo y la política de fomento permitieron un aumento del empleo y la mejora de las condiciones de vida de la población. El Directorio prometió una profunda renovación de la vida política municipal para acabar con la corrupción del sistema de la Restauración, el turnismo organizado y el caciquismo, saneando la política municipal, controlada por los más ricos. Pero estas expectativas no se cumplieron completamente. Si bien se renovó la composición del ayuntamiento, la designación de los componentes quedó en manos del representante del Gobierno, sin ofrecer la menor ocasión a una elección democrática por los vecinos.

Semanas después del golpe de Estado, el delegado gubernativo del distrito suspendió el ayuntamiento conservador y nombró una nueva corporación municipal presidida por José Díaz Jiménez. Era profesional sanitario, sin experiencia política previa y perfecto representante de la clase media vinculada al ideal del Regeneracionismo. Su gestión de gobierno se basó en el fomento de las obras públicas para reducir el paro obrero, la mejora de los servicios públicos, el fomento de la educación y la modernización de la villa.

La prohibición de los partidos políticos supuso el fin del predominio del Círculo Conservador, que había controlado la vida municipal en las últimas décadas. Pero sus miembros lograron mantener abierto el local rebautizado como Casino de Mairena, y presentar una cierta oposición crítica a la política municipal, hasta su disolución ordenada por el Gobierno Civil en 1927. Como organización política de movilización a favor de la Dictadura se organizó la sección local de la Unión Patriótica, instalada también en un casino, que reunió a la élite social y política favorable al dictador.

Una de las facetas más visibles de la dictadura de Primo de Rivera, especialmente en el plano municipal, fue la renovación del urbanismo, convertido en símbolo de la modernización que pretendía el Régimen. José Díaz desarrolló un amplio plan de obras públicas. En 1927 construyó el matadero, la plaza de abastos y el cuartel de la Guardia Civil, reformó el cementerio, pavimentó la calle Trianilla y mejoró el colector de salida de la población con un gasto total de 150.000 pesetas. En una segunda fase, emprendida en 1928, construyó el edificio de los juzgados y el dispensario de primeros auxilios, reformó el matadero viejo para convertirlo en cárcel municipal y pavimentó las calles Naranjos, Lorenzo Domínguez y San Fernando, por un total de 125.000 pesetas.

La propaganda patriótica de exaltación al dictador, la monarquía y las gestas nacionales, constituyó un elemento destacado en la actuación política de la Dictadura. Entre 1924 y 1931 proliferaron en Mairena los actos destinados a mostrar la adhesión al nuevo régimen, exaltar la figura del dictador y difundir sus logros más destacados. El Ayuntamiento celebraba los aniversarios del establecimiento del Directorio Militar el 13 septiembre, con colgaduras en la plaza, el retrato del General en la fachada del ayuntamiento y veladas de la banda de música. Se celebraron actos vinculados a la campaña de Marruecos y el raid aéreo Palos-Buenos Aires en 1926. Se bautizó con el nombre Primo de Rivera el paseo del real de la feria y 13 de septiembre, la fecha del golpe de Estado, a la calle Abastos.

La política del Gobierno se basó en un intenso gasto público apoyado en una coyuntura de expansión económica generalizada en Europa y el resto del mundo que favorecía el comercio y proporcionaba buenas oportunidades de negocio. La disponibilidad de recursos y un constante recurso al crédito, permitió estimular el desarrollo económico, aumentar las instalaciones y favorecer la inversión. Pero con esta política se acumuló una fuerte deuda pública, que supuso una grave carga cuando en 1929 finalizó el ciclo expansivo. El Ayuntamiento de Mairena también financió sus grandes proyectos con créditos bancarios garantizados por sus recursos fiscales a medio plazo, lo que extendió la carga financiera durante varios años, limitando las posibilidades de actuación de las siguientes corporaciones.

En diciembre de 1929, un mes antes de la dimisión del Dictador, José Díaz Jiménez, presentó su dimisión como alcalde. Al año siguiente, con el Gobierno del general Berenguer, se renovaron los ayuntamientos. El gobernador civil nombró una nueva corporación con los mayores contribuyentes, regresando al poder los conservadores, con el alcalde Braulio Jiménez Carrascosa y el teniente de alcalde José Jiménez Florindo, el alcalde destituido en 1923. Todo parecía indicar un regreso al control de los propietarios.

La falta de libertades, la frustración de las expectativas, las profundas desigualdades sociales y económicas, incrementaron el descontento social y la movilización política de una población hasta ese momento poco activa en el campo político, apartada durante tanto tiempo por el sistema caciquil y la propia dictadura. Los republicanos comenzaron a organizarse como fuerza política en Mairena. En 1930 se estableció el Centro Republicano presidido por Antonio Delgado Sánchez, que consiguió canalizar las ilusiones políticas de la población y se alzó con la victoria en las elecciones municipales de 1931. El 14 de abril constituyó una junta provisional que se hizo cargo del Ayuntamiento con miembros de clases medias y trabajadores. Empezaba una nueva etapa política en la historia de España y de Mairena.

………………………………………

NAVARRO DOMÍNGUEZ, José Manuel. “El Ayuntamiento de Mairena del Alcor durante la Dictadura de Primo de Rivera” en XV Jornadas de Historia y Patrimonio sobre la Provincia de Sevilla. Sevilla: ASCIL, 2019.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *