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Diego Clavel y el Festival Antonio Mairena dieron cuenta de un cerrado hermanamiento de afectos, éxito y gloria

El excelente ambiente del homenaje se extendió a todas las actuaciones de una velada en la que la Gala puso fin a toda una semana de iniciativas flamencas, por lo general seguidas de manera masiva por el público

Por la razón que sea, tal vez aquella «razón incorpórea del cante» que promulgaba Antonio Mairena…aunque no se sabe a ciencia cierta por qué, pero hay ediciones del festival de Cante Jondo Antonio Mairena que se saldan con su balance especial, como si los astros se alinearan para que todo saliera a pedir de boca. Y este año ha vuelto a ocurrir. Cuando se echó el cierre a la Gala del Sábado (ya en la madrugada del domingo 6), la sensación de éxtasis era la que prevalecía en inusual coincidencia entre artistas, público, organización y prensa.

Esa es la noche que también El Maestro bautizó como Noche Grande del Cante para diferenciarla de la del concurso, siempre celebrado en la previa, y que este año en su LXV edición ha venido a coronar una semana de espectáculos e iniciativas flamencas, en las que desde hace años se diversifica el veterano Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, que tradicionalmente integraban las dos veladas indicadas.

En esta ocasión, el éxito ha sido incontestable, comenzando por el hecho relevante de que otro mairenista de pro como Diego Clavel ha recibido el más alto reconocimiento del certamen por sus méritos y sus vínculos con Antonio Mairena. Lo ha hecho en ausencia física del maestro, pero no así de la esencia de su espíritu flamenco. Diego Clavel, el veterano cantaor de La Puebla de Cazalla recogió la condecoración del busto de Antonio Mairena en bronce, obra de Jesús Gavira, de la mano del alcalde de Mairena del Alcor, Juan Manuel López, en presencia también del regidor de su pueblo, Antonio Martín.

De este modo, quedó más sellada y hermanada que nunca la relación entre La Puebla de Cazalla y de Mairena del Alcor, entre Antonio Mairena en el recuerdo y un Diego Clavel presente, consciente y feliz por este torrente de afectos, éxito y gloria que ha hecho escalar aún más la buena conjunción entre ambos pueblos. Feliz reencuentro, que al propio Diego en su uso de la palabra le hizo recordar las dos fases de sus relaciones con Antonio. La primera, cuando se conocieron siendo él aspirante a ganar el concurso del maestro. La segunda, cuando conseguido el reto y aupado dentro del mundo del cante, ambos comenzaron a compartir cartel.

Esas fueron las palabras del artista morisco, al margen de los habituales agradecimientos, junto al mensaje lanzado por el alcalde mairenero, que en su breve alocución alabó tan fructífera relación a lo largo de tantas décadas en el modo de entender este arte. Pero no se quedó ahí afirmando que «honramos a quien ha sabido continuar ese camino de pureza», en alusión a la característica principal y emblema de los dos artistas, la defensa de la pureza del cante tanto en Antonio como en Diego, Diego y Antonio.

Todas ellas palabras pronunciadas en el Acto de Homenaje, que en esta ocasión tuvo lugar al inicio de la velada, con Diego Clavel acompañado también en el escenario por el director del Instituto de Flamenco (IAF) Cristóbal Ortega, el Delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Ricardo Sánchez; la Delegada Provincial de Educación, Gloria Guillén; el nuevo Delegado Municipal de Flamenco, Javier Rodríguez Rojas; el sobrino de Antonio Mairena, Antonio Cruz Madroñal; y el presidente de la peña flamenca mairenera, Manuel Jiménez Ríos.

Todos dieron cuenta de la relevancia y categoría del artista, que en su DNI aparece como Diego Andrade Martagón, al margen de los vínculos. Quedando como prueba de ello también la ponencia sobre el alcance de su vasta producción discográfica y las características de cada uno de los periodos recorridos con el lanzamiento de esas obras, en un artista que se mostró siempre inquieto y creativo.

Una actividad realizada días atrás (martes 1) en el Patio del Pozo de la Casa Palacio de los Duques de Arcos, daba cuenta de la mano del estudioso de su obra Pedro Lopeh de muchos detalles de esa prolija producción. Una cita que también contó con la presencia del artista, cuya obra discográfica se extiende en una ingente cantidad de discos lanzados entre los años 1971 y 2014, incluyendo siete antologías de cante purista de carácter innegociable, subrayaría el presentador de la Gala, Manuel Martín Martín en el transcurso de la semblanza del artista en su acto de homenaje.

Rotundo éxito en el plano artístico

Fijándonos sólo en el plano artístico, de éxito indiscutible puede catalogarse también la Gala Flamenca del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena de esta temporada, que como siempre organiza el Ayuntamiento de Mairena del Alcor. Con puntualidad británica, a las 22:00 horas, y el aforo 1.200 localidades vendido al completo, el festival daba comienzo con un saludo del presentador a la afición y ciudad de Ceuta tras los últimos acontecimientos allí vividos, dando a conocer como dato la determinante implicación de Antonio Mairena en la creación de la peña flamenca de la ciudad norteafricana.

A partir de ahí, y tras el homenaje de Diego Clavel, la primera de las actuaciones llegó de la mano de la cordobesa Rocío Luna (de Cañada del Rabadán), que interpretó unos cantes de Levante, tientos tangos, soleá apolá, seguiriyas dedicadas al homenajeado de la noche, cantiña de la Niña de los Peines y toná. Con ella en escena, y recogiendo también los favores de un público entusiasta ante la debutante en la plaza, el sonido de la sonanta de Francis Gómez y las palmas y jaleos de Antonio Amaya Petete y y Emilio Castañeda.

La primera parte la completaría el veterano José Mercé con toda la fuerza de los Terremoto que le avalan, y las esencias de Jerez para levantar igualmente a un pública al que llevaba quizás demasiado tiempo sin ver. Todo fue amor de ida y vuelta, bien acompañado por la guitarra de Antonio Higuero para derrochar fuerza y compás por soleares, seguiriyas, alegrías, bulerías, y cerrando con la toná, porque según dijo parafraseando a Antonio Mairena, «después de la toná, ná». Junto a él, dando lustre a una actuación vibrante y a tope de compás, el complemento perfecto lo pusieron Mercedes García, Víctor Carrasco, Jorge Bautista y el cajón de David.

Tras él llegó el descanso para estirar las piernas y refrescarse, aunque a decir verdad la noche fue más apacible que la anterior en el Auditorio Manuel Mairena.

Segunda parte más larga aunque igual de vibrante

En cuanto a la segunda parte, algo más prolongada que la primera, las actuaciones se sucedieron hasta unos minutos después de las tres de la madrugada, ya en domingo. Abrió el Baile de Juan Manuel Fernández Montoya ‘Farruquito’. El hijo de Farruco y padre de Juan o Juanito El Moreno, bien hizo gala de su maestría en el baile. No en vano hace de enlace ya de al menos tres generaciones en la danza flamenca, como de esa ya rutina de llenar los espacios donde se cita con el público, a base de su modo de ejecutar el baile con sobrada fuerza arrolladora y racial, y una técnica prodigiosa de zapateado, como asimismo haciendo gala de un respeto reverencial por la tradición gitana de su estirpe.

Estuvo acompañado al cante por Ismael de la Rosa ‘Bola’, Manuel de la Nina y la potente voz de Mari Vizárraga. Al toque Manuel Valencia, y a la percusión Paco Vega. Un compenetrado grupo que entre entradas y salidas de Juan Manuel del escenario hicieron un repertorio que en lo tocante a los palos pudo diferenciarse claramente de los más austeros de la primera parte (toná, seguiriya), otra intermedia entre bulerías, tientos tangos, paseo por las cantiñas, y cierre nuevamente por bulerías tras una composición singular.

A partir de ahí, volvió Jerez con la hija del Macano, Tomasa Guerrero ‘La Macanita’, en plena forma y con un dominio de la voz que deja a las claras el peso de los años de profesión, unidos a la escuela y la vocación. Otra que hizo vibrar al público con el toque de Manuel Valencia, comenzando por la toná, bulerías (sólo con acompañamiento de palmas), soleá, seguiriyas, y bulerías con sabor a fin de fiesta, en las que brilló el conjunto actuante que completaban Macano y Javi Peña.

Fue puro Jerez, como en buena medida lo fue la actuación del cierre, a cargo del joven artista de Mairena del Alcor Juan de Mairena. De punto en blanco, Juan José Navarro Callejo encaraba la responsabilidad de mantener el pulso hasta el cierre, cuando las horas ya pensaban. Y naturalmente, con esas tablas que le avalan pese a su juventud, todo fue miel sobre hojuelas. Al festival de su pueblo, Juan de Mairena se presentó con dos guitarras, la de Francis Gómez y la del joven onubense Benito Bernal.

Los artistas maireneros, al ser tantos, tienen que turnarse cíclicamente para cantar ante el público de su pueblo, por lo que de alguna manera se trata también de dar lo máximo y mejor en plaza propia. Y a ese pretendido y conseguido nivel se sumó igualmente el grupo acompañante, compuesto por Dani Bonilla y Roberto Jaén. Todo un equipo para poner el acento en la toná de rigor con Juan en solitario, seguida por malagueña y abandolaos, bulería por soleá, seguiriyas (sólo con la guitarra de Benito esta vez), y bulerias de despedida.

Y no, Juan de Mairena, desde luego no defraudó, manteniendo alto el pabellón del flamenco del pueblo, tan alto como el ánimo del público, que todavía permanecía casi todo cuando el mairenero se despidió. Así, hasta el año que viene, y ojalá que sea otro festival tan exitoso en conjunto como el de 2026.

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