Toca reaccionar

Cómo afecta a nuestros ahorros el actual escenario económico.

“Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos” Confucio.

Jesús MarínEn las últimas fechas las personas que están al frente de organismos tan importantes como el Banco Central Europeo (BCE) o la Reserva Federal de Estados Unidos están tomando una serie de decisiones que afectarán, y de qué manera, a la economía en general y a los bolsillos de los ciudadanos en particular, al menos a corto y medio plazo.

Pero antes de comentar en qué situación se encuentran nuestros ahorros en el actual escenario económico, sería conveniente aclarar de manera sencilla y simple el significado de ciertos conceptos que solemos escuchar o leer en prensa a menudo para intentar llegar a comprender la importancia del asunto. Os hablo de los términos inflación, IPC y tipo de interés. Veamos:

Inflación: es el aumento generalizado de los precios. Su antónimo es la deflación (bajada de precios). De esta manera, si sube el precio de la energía, de los alimentos, etc. y, sin embargo, no lo hace el salario de los afortunados trabajadores, se pierde poder adquisitivo, tenemos menor capacidad de compra. ¿Y cómo sabemos si hay inflación? ¿Cómo se mide? Pues a través de una serie de indicadores, entre los cuales se encuentra el Índice de Precios al Consumo (IPC).

IPC: indicador que mide la variación de los precios de bienes y servicios cotidianos. Su medición se realiza mensualmente. En este caso, si baja el IPC quiere decir que los precios de los bienes y servicios incluidos en su medición habrán disminuido.

Tipo de interés: siempre se ha dicho que en la vida prácticamente todo tiene un precio. El dinero, para no ser menos, también. El «precio» del dinero viene dado por el tipo de interés. Veamos un ejemplo para aclarar el concepto: si tenemos 10.000€ ahorrados y firmamos un depósito a plazo fijo con el banco a cambio de un porcentaje X de interés, estamos vendiendo nuestro dinero a ese precio durante un plazo de tiempo. Por el contrario, si lo que necesitamos son 10.000€ para acometer una reforma en nuestra vivienda, lo que hacemos es solicitar en el banco un préstamo, es decir, compramos el dinero que tendremos que devolver más un porcentaje Y de interés. En ambos casos, vendemos o compramos dinero a un precio X o Y.

Recientemente, el Banco Central Europeo (BCE) con su presidente a la cabeza, el Sr. Mario Draghi, ha decidido bajar el precio del dinero (tipo de interés) en un intento de fomentar el consumo y, con ello, reactivar la maltrecha economía de los países de la zona euro. Para realizar un análisis exhaustivo de las consecuencias en la economía general de esta decisión, tendríamos que tener en cuenta multitud de variables que no son objeto de este artículo. Además, probablemente cada economista, en función de su vertiente de pensamiento, podrá justificar la medida como acertada o desacertada. Pero vayamos a lo que nos interesa: ¿cómo afecta a nuestros ahorros la reducción del tipo de interés? ¿Beneficia o perjudica?

Aquellos ciudadanos que, con mucho esfuerzo y buen hacer, han conseguido ahorrar a lo largo de los años cierta cantidad de dinero están obligados a reaccionar si no quieren seguir perdiendo poder adquisitivo. ¿Por qué? Muy sencillo. Hasta la fecha los ahorradores con un perfil conservador basaban su inversión en contratar los depósitos a plazo fijo que le vendía el comercial de la sucursal bancaria. No había que preocuparse de nada, sólo firmar, cobrar un aceptable tipo de interés y esperar el vencimiento. Sin embargo, el bajo precio del dinero vigente en estos momentos, tras la medida adoptada por el BCE, ha llevado a los ahorradores a obtener en el mejor de los casos, rentabilidades cercanas al 1%. Poco ¿verdad? Sigamos desgranando.

Los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística indican que el Índice de Precios al Consumo (IPC, recuerden: indicador de la variación de precios y, por tanto, de la inflación) está en tasas negativas, es decir, según el IPC nos encontramos en una etapa de bajada generalizada de precios (deflación). ¿Real? Los datos están ahí y cualquier fabricante o comerciante puede verificar como vende la mayor parte de sus productos a precios más bajos si quiere sobrevivir en el mercado. Sin embargo, la percepción que tenemos los ciudadanos es la contraria, basta con comprobar cómo cada vez nos cuesta más llenar el carro de la compra. ¿Cuál es el motivo? La carga impositiva: los impuestos que pagan productores y comerciantes, a pesar de reducir sus márgenes comerciales, han aumentado. Esto hace que el precio final que pagamos por los artículos no haya sufrido apenas variación en comparación con la sufrida por nuestro poder adquisitivo, que sí se ha visto reducido con creces como consecuencia de la mano que ha vaciado nuestros bolsillos en forma de tributos.

¿Hacia dónde vamos? Parece claro que, dadas las circunstancias, ese 1% que se obtiene por el dinero al contratar un depósito se hace aún más escaso. Todo esto conduce a aquellos ciudadanos que cuentan con cierto capital, a verse obligados a contratar productos financieros, a priori, de mayor riesgo y/o a buscar otras alternativas de inversión que les permitan obtener una rentabilidad con la que amortiguar los efectos de las medidas económicas adoptadas, y aclarar algo el oscuro e incierto futuro que nos espera. Es mucho el dinero que navega a la deriva por cada una de las sucursales del país y que se deja, en muchas ocasiones, en manos de las mismas personas que llevaron a cabo estafas recientes.

Que quede claro, no hay nada seguro, no hay nada garantizado, nunca lo ha habido. Ni siquiera el dinero bajo el colchón nos permite mantener nuestro nivel de vida, lo acabamos de ver. Cuando se invierte, se asume riesgo siempre. Si la crisis vivida nos deja cosas positivas, una de ellas tiene que ser la obligación que tenemos de abrir los ojos, de despertar y darnos cuenta de la necesidad de preocuparnos por nuestro dinero sin esperar nada de nadie. No estoy diciendo nada nuevo y no voy a ser yo quién dicte dónde ni cómo hay que invertir los ahorros (porque cada caso tiene sus particularidades, porque cada persona tiene unas características y necesidades distintas…), pero sí trato humildemente con este artículo de hacerles ver que cada uno de nosotros, de manera individual, tenemos que gestionar nuestro negocio particular de la forma más eficiente posible. De las pocas cosas útiles que me dijeron en la Facultad, y que después he podido comprobar, es que los negocios tienen que ser dinámicos y flexibles para adaptarse al medio. Estamos en otro escenario, toca reaccionar.

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