El extraño asalto en el cortijo de Luchena (1ª parte)

Artículo publicado en la Edición Papel nº 122 Diciembre-2018

Los cortijos y haciendas rurales se encuentran especialmente expuestos al robo y asalto por bandidos. Esto es una realidad fácilmente constatable en la Campiña sevillana, en la que abundan estas instalaciones agrarias, muchas de las cuales han sufrido a lo largo de su dilatada historia episodios de asaltos y robos protagonizados por bandoleros y delincuentes armados. Como el cortijo de Luchena, que fue asaltado en 1811 en unas circunstancias bastante extrañas. 

Los hechos

La noche del 2 al 3 de diciembre de 1811 todo parecía transcurrir con normalidad. En el cortijo dormían varios trabajadores, que preparaban las faenas para las labores de siembra de trigo.  Manuel Morales, un jornalero joven hijo de Antonio Clavellino, y un gallego vecino de Carmona, dormían en el caserío interior; Manuel Montes y varios boyeros, dormían en una casilla situada junto a los establos y José del Trigo dormía en el tinajón dentro del caserío del cortijo. Curiosamente el guarda Mateo Sanz se había marchado a Mairena dejando las llaves a Manuel Montes.

El día del asalto faltaba el guarda Mateo Sanz que estaba en Mairena y había dejado las llaves a Manuel Montes

Avanzada la noche, Manuel Montes y un boyero que dormía en la misma sala fueron sorprendidos por dos hombres armados con una escopeta de caza, que exigieron a Montes la entrega de las llaves.

Uno de los bandidos, armado con la escopeta, se dirigió al caserío y entró usando la llave para abrir la puerta principal. Sorprendió a los hombres que dormían en el interior, los despertó apuntándoles con el arma, pero no pudieron conocerlo por estar embozado con una capa.

Dos bandidos armados con una escopeta irrumpieron de madrugada ocultos debajo de sus capas

Bajo la amenaza de la escopeta condujo a José del Trigo, Manuel Morales, al boyero, al hijo de Antonio Clavellino y al gallego de Carmona hacia un cuarto y los encerró. Los hombres no ofrecieron resistencia. Permanecieron toda la noche encerrados hasta que los liberan los hombres que dormían en la casilla de los boyeros. No sabemos qué hicieron los bandidos con Manuel Montes. Los ladrones encontraron el grano y se llevaron una parte del trigo guardado para sembrar en el mismo cortijo que se guardaba en los almacenes: 11 fanegas de una sala y una cantidad no precisada de otra, sin tocar el resto del trigo guardado. Nadie vio a los hombres cargar el trigo en las bestias y llevárselo.  No causaron destrozos, ni se menciona daño alguno, ni la desaparición de enseres ni objetos del cortijo. Los testigos no refieren roturas, destrozos, ni signos de violencia o de una búsqueda apresurada. José del Trigo declaró que el trigo robado pertenecía a José Morales y a un gallego, pero José Morales señaló que el trigo robado no era el suyo, sino el del mercader castellano Lorenzo Álvarez.   

La denuncia

El mercader castellano Lorenzo Álvarez denunció el robo ante el prefecto y reclamó la propiedad del grano que quedaba considerando que el trigo robado era el de José Morales. Consideraba que se trataba de un complot de una banda de ladrones en connivencia con el guarda y algunos de los hombres que dormían en el cortijo aquella noche para apoderarse del trigo. Dejó caer su sospecha sobre el guarda por ausentarse precisamente aquella noche y sobre los boyeros que dormían en el establo, que debieron ser, a su juicio, quienes abrieron las puertas a los bandidos, que podrían ser de Mairena.

El mercader reclamó su grano considerando todo un complot entre  ladrones y jornaleros

Interrogados por el corregidor, el guarda Mateo Sanz y el boyero Manuel Montes declararon que los bandidos los encerraron a todos en un cuarto, pero José del Trigo, indicó claramente que los encerrados en el cuarto fueron sólo los cuatro hombres que dormían juntos (el mismo, Manuel Morales, el gallego y el hijo de Clavellino). No quedaba claro donde estuvo Manuel Montes durante el asalto. Respecto a la propiedad del trigo robado, el corregidor rechazó la reclamación de Álvarez, considerando que “…al denunciar el robo se delata como dueño del trigo” y que no tenía constancia de otra información. Lo cual era falso, pues José del Trigo había declarado que el trigo robado era el de José Morales. 

El corregidor apuntó en su informe la posibilidad de que los asaltantes formasen parte de una partida de bandidos que había sido vista por los alrededores, aunque reconocía que no tenía pruebas, y señalaba que “el hambre y mucha escasez lleva a los hombres a acciones temerarias en esta época tan dura”, con lo que parecía apuntar en otra dirección. 

La débil investigación del asalto en Luchena (2ª parte)

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