Un felpudo llamado Andalucía

Por Vicente de los Ríos

Está claro que lo que llevamos sufriendo de manera consciente desde marzo, está siendo una situación difícil de gestionar y para la que no existe una varita mágica, aunque ayudaría mucho el menos común de los sentidos en la clase política, el sentido común, ya que demuestran una y otra vez que las decisiones están más cargadas de tintes políticos, partidistas y de contentar a los que hacen sumar más de 176 escaños, que de buscar soluciones reales y pragmáticas para paliar de la mejor manera posible esta película de ciencia ficción de la que estamos siendo protagonistas.

Lejos de esas decisiones socio-sanitarias, que pueden ser más o menos acertadas, pero que tienen poco margen para la objetividad y para un plan y unas reglas marcadas, nos encontramos con los 140.000 millones de euros que la Unión Europea ha destinado a España como Plan de Reconstrucción del continente, que sí tienen unos criterios muy claros y objetivos para su reparto en nuestro país.

Unos criterios que desde Madrid se saltan a la torera para afrontar la “reconstrucción” de la misma manera que se ha gestionado la crisis sanitaria; de manera sectaria, y buscando el bienestar de aquellos territorios que, en un ejercicio de personalidad y de sentimiento de pertenencia, han conseguido hacerse fuertes en las Cortes Generales.

Y con todo esto, ¿en qué situación queda Andalucía? Pues bien, si el gobierno de Sánchez-Iglesias, ese gobierno de “izquierdas” (si mi abuelo levantara la cabeza…) hiciera caso a los criterios de la Unión Europea para el reparto de esas ayudas, le correspondería una cantidad mucho mayor de la que se está planteando desde el ejecutivo central, por cierto con una María Jesús Montero al frente, la misma a la que se le inflamaba la yugular cuando desde Andalucía reclamaba la deuda contraída con nuestra tierra, pero que ahora se la niega desde Madrid. Andaluza de pacotilla.

Para ponernos en situación y si el gobierno “progresista” fuera obediente e hiciera el reparto a las comunidades autónomas atendiendo a los criterios básicos establecidos desde Bruselas, se tendría en cuenta el Producto Interior Bruto (PIB), en la que Andalucía es la tercera comunidad por la cola (solo por delante de Melilla y Extremadura), la tasa de desempleo, en la que sí estamos en un triste pódium (por detrás de Melilla y Canarias), y por último, atendiendo a la población a la que cada comunidad tiene que dar servicios, siendo Andalucía la comunidad autónoma más poblada del país.

Al parecer el gobierno andaluz de Bonilla anda enfadado con este reparto, clavando el papel de malo, malote que le toca llevar a cabo cuando en Madrid mandan “los otros”. Me gustaría haber visto las fotos con abrazos fraternales con sus jefes de la Calle Génova, si fueran los que movieran el cotarro desde Madrid.

Todo esto, la falta de respeto y el maltrato de unos, y el papelón de otros, viene a demostrar una vez más, la necesidad de que los andaluces, de una vez, despertemos, nos levantemos, demos un golpe en la mesa para que se tambaleen los cimiento de un país que continuamente nos ningunea.

Mientras esto llega, seguiré luchando por este felpudo, llamado Andalucía.

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