Las plagas de la dejadez

Por Vicente de los Ríos

Corren malos tiempos, no lo vamos a negar, momentos en los que uno se piensa llevar a cabo acciones tan cotidianas como salir a pasear, reunirse con familia y amistades, o incluso cruzar la puerta de tu puesto de trabajo.

Nos está tocando vivir un momento histórico caótico, repleto de incertidumbre y miedos, porque lo que está en jugo es nuestro mayor tesoro, la vida. Una vida que en gran parte, no depende de nosotros, sino de aquellos a los que damos los “poderes” para que manejen los hilos del discurrir de la sociedad y que, con más o menos intención, con más o menos desidia y desgana, con poca aptitud y menos actitud, nos están dirigiendo a un precipicio difícil de esquivar.

Además de a la pandemia del COVID-19, de la que también se podría hablar largo y tendido sobre la dejadez política, con todas sus consecuencias sanitarias y socioeconómicas, la provincia de Sevilla se enfrenta a otra plaga, no menos inquietante, que ya ha costado vidas humanas por algo tan “insignificante” como la picadura de un mosquito.

Podríamos lamentarnos porque contra esa situación nada se puede hacer, más allá de fumigar la zona para minimizar la población del mosquito, que es lo que llevan haciendo más de dos semanas el Ayuntamiento de Coria del Río y el de otras localidades cercanas de la ribera del Guadalquivir, pero cuando Modesto González, alcalde de Coria del Río, saca a la luz información que conocía la Junta de Andalucía hace 10 años, que de no haberse guardado en un cajón, seguramente hoy esas víctimas seguirían vivas, uno vuelve a indignarse.

¿Aptitud? ¿Actitud? Una vez más, volvemos al punto de salida. La dejadez y la ineptitud de los gestores públicos, no puede contar con total impunidad a nivel jurídico.

Informes realizados por la Estación Biológica de Doñana, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), solicitados por la propia Junta de Andalucía en 2010, recomendaban la puesta en marcha de programas para frenar la presencia del mosquito en zonas de marismas y arrozales de la provincia de Sevilla, que llegaron, no a una, si no a tres Consejerías de la Junta de Andalucía (Gobernación, Salud y Medio Ambiente y Agricultura) y que en cada una de ellas hicieron caso omiso, cuando ya se encontraron casos en humanos y animales en los años 2010, 2013 y 2016.

Lo mínimo que se le debe exigir y se deben exigir los dirigentes políticos, es integridad y vocación de servicio público, de lo contrario, nos vamos a seguir encontrando con situaciones de este tipo, para la que la única solución es que paguen con penas ejemplares su pésima gestión y su mala praxis. De esta manera, aquellos o aquellas que decidan dar el paso hacia la política, estoy convencido de que pondrán los cinco sentidos en realizar con diligencia su labor, repercutiendo de manera directa en una mejora de la calidad de vida del ciudadano de a pie.

De lo contrario, nos seguiremos encontrando con Diplomadas en Biblioteconomía y Documentación, asignadas con calzador como Consejeras de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía, que ante uno de los mayores desastres ecológicos en Andalucía en los últimos años, es capaz de decir que la zona afectada por el incendio en Almonaster la Real (Huelva), con 10.000 hectáreas afectadas, “tiene bajo valor ecológico”. En fin…

Mala suerte. Nos ha tocado vivir las plagas de la dejadez.

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