La Iglesia Evangélica se establece en el antiguo cuartel de Trianilla

La atención a toxicómanos y a las familias necesitadas se suma a los cultos de sus 50-60 miembros.

La Iglesia Evangélica Camino de Esperanza se ha establecido e intensificado su actividad en la calle Trianilla 53, antiguo cuartel de la Guardia Civil. El edificio de propiedad municipal, que en los últimos años había acogido desde enseñanzas para adultos hasta reuniones de Protección Civil, tiene ahora un renovado aspecto, con un salón de actos con atriles y otros enseres propios de cultos religiosos o una oficina/almacén.

Quienes se acerquen entre semana, podrán ver a algunos de los 14 ó 15 voluntarios que allí trabajan. Según Eduardo Acosta, vicepresidente y secretario, ahora emplean su tiempo en ayudar a los demás, como en su día ellos recibieron ayuda. Tras pasar por un centro cristiano de rehabilitación para toxicómanos en Carmona, donde alguno incluso ya pasó un tiempo como voluntario, decidieron establecerse en Mairena con la idea de “ayudar a personas con problemas de alcohol y drogas”, cuenta Acosta, de la mano de la Iglesia Evangélica, que ya contaba con devotos en la localidad. Después quisieron abarcar un campo más amplio, sabiendo que en estos tiempos de crisis hay muchas familias con necesidades básicas.

iglesiaevangelica

Salón de cultos

Su actividad semanal consiste en la colecta de alimentos perecederos y no perecederos por empresas privadas, a las que llegan con un carta de presentación, además de bancos de alimentos. Con ello atienden a las, dicen, 60 familias que a día de hoy acuden en su búsqueda, y cuyos casos son tratados por un trabajador social voluntario que estudia la documentación aportada (libro de familia, DNI, certificado de desempleo del SAE…). Eso intentando que las familias que reciben ayuda no obtengan ya alimentos de otras organizaciones. Los voluntarios también reciben ropa que luego clasifican y reparten a quien lo necesite. En los últimos días, han llevado cajas a organizaciones como Cáritas o Llamarada de Fuego.

De forma paralela, Eduardo Acosta afirma haber intervenido en ocho casos de personas que, a día de hoy, se encuentran en centros de rehabilitación. Se trata, dice, de darles una esperanza, de hacerles ver a través de su experiencia que es posible salir de su mundo cíclico. Además, sirven de enlace para proporcionar información a la familia, que durante un tiempo no puede establecer contacto con la persona que recibe tratamiento. Una vez pasada esa fase, se les brinda la oportunidad de incorporarse como voluntario a Camino de Esperanza, lo que es para Eduardo Acosta una forma de reinserción.

Esto se completa con los cultos evangélicos de los domingos, así como con charlas-coloquios. De ellos participan unos 50-60 miembros, según Acosta, aunque han alcanzado alrededor de 200 personas como visitantes. Para realizar su actividad, el Ayuntamiento les ha cedido este espacio público por un año, a condición de que se hagan cargo de su mantenimiento, según explican. Antes de contar con las instalaciones de Trianilla, los voluntarios llevaban más de un año realizando actividades.

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