El Pregón de José Miranda, retrato al detalle del fervor mairenero

La Semana Santa está cerca y el cristiano debe estar espiritualmente preparado, como recordó Antonio Rodríguez, párroco y líder espiritual. El pregón debe servir a tal efecto y este año el encargado de esa tarea era José Miranda «Candi».

Su presentador, Francisco Javier Mateos Rodríguez, amigo y hermano de la misma hermandad. Hizo, como es habitual, una breve semblanza del pregonero, rememorando lo que para él y sus amigos de la Junta de Gobierno había supuesto el nombramiento. Nace Candi en el corazón de La Barriada, en la calle Ave María, en el año 1964. Fue uno de los primeros miembros de la hermandad de La Borriquita, a la que lleva vinculado toda su vida, sea formando parte de su cuadrilla de costaleros, sea dirigiéndola, como capataz de la Virgen de los Ángeles durante 25 años. Ha pertenecido a todas sus Juntas de Gobierno, a cuya cabeza se encuentra desde el año 2010.

Candi, tuya es la palabra

La Banda Municipal de Música antecedía con Amargura a José Miranda. Ya antes había sonado en la Iglesia Parroquial Santa María de la Asunción Mi Amargura, Reina de La Barriada y Triana Tu Esperanza.

Y comenzó, acordándose de los cofrades que no están, y pidiendo a Dios ayuda bajo la complicada trabajadera de pregonar su pasión y grandeza: «Que seas tú mi capataz». Los primeros párrafos también fueron para su hermandad, esa que le ha brindado tantos momentos como para perderse entre «cajones de sentimiento». Y es que, para él, «el Domingo de Ramos no cabe en un Pregón».

Hizo también mención a su esposa y a sus hijos. Y a sus amigos, como lo fue, con mayúsculas, Don Luis, el que descansa rodeado de otros tantos cofrades maireneros, dijo, que se fueron ligeros de equipaje, pero con las alforjas llenas de la vida. No puede Candi evitar pensar que no habría sucedido igual si Don Luis hubiera estado cerca de los suyos en sus duros momentos finales, recibiendo todo el apoyo que él les había brindado antes y que luego no pidió. Ahora su pueblo quiere dedicarle un monumento. Como le conocía le pedía perdón, pero hay que hacerlo.

Afirmó creer en la Iglesia y en la necesidad de trasladar lo que en ella se vive, aludiendo al Papa Francisco, quien invita a acercarse al pobre. «No somos capaces de oír ese dolor», y he ahí la pena del Señor, siempre traicionado. Pasó de La Barriada, la Triana mairenera, a San Sebastián, hogar de la hermandad de El Rocío. Se acordó del Señor de Mairena y de los sonidos que en sus días dejan sus estampas, los del dolor de Mairena.

PregónSS2014Homenajeó a aquellos que se sienten cofrades y viven todo el año pensando, ya sea con marchas cofrades en el coche, firmando que días soleados fueran Domingo de Ramos, preguntando por ensayos o preparando cultos. Su pasión choca con la de alguien que, fuera de Andalucía, en una ocasión le dijo que veía la Semana Santa como extremista y excesiva. Es una forma de ser, replicaba él. Y, tan sólo como Él estuvo en el camino del calvario, ahora no le sobra ni un clavel. Y volvió a su Virgen de los Ángeles, al momento de su llegada y a esos días en los que los ojos de los niños brillan especialmente, Reyes y el Domingo de Ramos, con «nazarenitos estrenando primavera».

Un Via Crucis hecho palabra

El primer pregón de la Semana Santa se dio en Jerusalén, donde también tuvo lugar el primer Via Crucis, como recordaba. Repasó cada una de sus estaciones, contando lo que la Biblia nos dice, valiéndose de nuestros misterios y con sentidas palabras para las vírgenes que les acompañan. Caridad, el Señor que lleno de humildad aguarda la cruz que será todo su reino. Amargura «la niña bonita de la Plazoleta», el crucificado al que no es capaz de decirle que siente dolor, al que luego su madre coge en brazos para grabar La Piedad, justo antes de que se quede en absoluta Soledad. «Cantad con alegría, que Jesús ya está con el Padre. Se cumplió la profecía», concluyó esta parte.

Terminó preguntado qué siente al penitente, solo en su contrición, mencionando a todas las vírgenes porque no importa su nombre y con un «bendita tú, mi Barriada, y bendita Mairena entera». Antes de que los himnos de Andalucía y España dieran por finalizado el acto, se encomendó a su Señor de la Salud, al que pidió la mano.

Tiempo hubo, posteriormente, para la multitud de saludos y, a buen seguro, agasajos.

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