La masiva llegada de refugiados sirios

Aparte de lo de Cataluña, estos días no se habla de otra cosa en las noticias. Miles de personas vienen del Cercano Oriente huyendo de la guerra y de todas sus secuelas. Se trata, sin duda alguna, de un problema gravísimo, en el que el aspecto humanitario, evidentemente esencial, no debería oscurecer las distintas implicaciones de seguridad y de orden público, que claramente se Macario Valpuestadan también en este caso.

Llama la atención, en primer lugar, un hecho tenido muy poco en cuenta por la mayoría de los comentaristas. Es el detalle curioso al que se le ha dado el nombre de “votar con los pies”. Cuando la cosa se pone mal en determinados países, muchos de sus habitantes emigran o tratan de emigrar a lugares en los que esperan mejorar de vida. El hecho de que tanta gente intente atravesar la frontera de un Estado es señal inequívoca de que en el interior de ese país no lo están haciendo tan mal, al menos comparativamente. Lo digo porque el país convertido en objetivo preferente de estos refugiados es Alemania, gobernada por Angela Merkel desde el 2005, la cual, según palabras del Sr. Kichi, es una verdadera nazi. Al parecer, alguien -el Sr. Kichi o los emigrantes- tiene las ideas un poco confusas. Resulta chocante que Alemania sea presentada por nuestros líderes izquierdistas como un país sin entrañas, donde los derechos de los trabajadores no hacen más que retroceder. Algo parecido ocurre en la frontera entre Estados Unidos y México. ¿Recuerdan la cantinela?, Estados Unidos es un país supercapitalista, poblado por pistoleros semianalfabetos, muy duro con los pobres, donde ni siquiera hay Seguridad Social; lo que pasa es que los mexicanos son tan «brutos» que están empeñados en irse a vivir allí, tal vez porque son masoquistas. Será casualidad, pero nunca, que sepamos, hay avalanchas humanas sobre las costas de Cuba (bueno, sí las hay pero para salir en balsa), ni para entrar en Venezuela, ni hacia Corea del Norte. La gente del tercer mundo, al parecer, es tan necia que desconoce lo bien que se lo pasan los ciudadanos de estos regímenes.

Sin embargo, resulta también llamativo que nuestros progresistas medios de comunicación hayan distribuido los papeles en un maniqueo reparto: es esta ocasión y sin que sirva de precedente, Alemania es la buena y Hungría -ese país extremista que tiene una Constitución pro-vida y que reconoce sus raíces cristianas- es la mala. La razón, en este caso, es puramente sentimental. Alemania parece dispuesta a acoger a miles de inmigrantes mientras que Hungría ya ha declarado que le resulta imposible. Poco importa el hecho evidente de que Alemania sea un país grande y rico, que puede permitirse el lujo de gastar mucho dinero en solidaridad internacional, mientras que Hungría es un país relativamente pequeño y no muy boyante, que aún no ha sabido superar esa “maravillosa” herencia que le dejó el comunismo. En cualquier caso, supongo que esos solidarios progresistas que se escandalizan porque una nación soberana haga cumplir sus leyes de inmigración tendrán abiertas de par en par las puertas de su casa y permitirán que cualquier transeúnte se quede a vivir en su ella; sobre todo si vienen en grupo. Porque las fronteras de un país son como las puertas y las ventanas de las viviendas. Ser hospitalario no puede significar que unos indigentes derriben la puerta de entrada y se instalen en el salón. Al menos, habrá que pedir permiso, digo yo.

Hemos dado por supuesto que esta pobre gente viene huyendo de la guerra. Pero resulta que la guerra les queda muy atrás: han cruzado Turquía, donde que sepamos, están a salvo de ella. Han cruzado Grecia, Bulgaria, Rumanía, Serbia…, países donde tampoco hay guerra. Un refugiado tiene derecho a ser acogido en caso de emergencia, pero no necesariamente en el lugar y con las condiciones que él considere idóneas. Por otro lado, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes son países muy ricos, están relativamente cercanos a la zona en conflicto y tienen afinidad religiosa con los refugiados. ¿Por qué estos no van allí? Sin duda porque saben que allí no van a ser acogidos. ¿Y por qué nadie en Europa critica la falta de solidaridad de estos países y sí lo hace con Hungría? Misterio.

isis

El fondo del asunto es la guerra desatada por el Estado Islámico contra todo lo que se menea. No vamos a entrar ahora en discutir quién tiene más culpa del monstruo que se ha creado allí, porque seguro que las culpas, por acción u omisión, por dolo o por negligencia, están bastante repartidas. Pero una cosa es segura: contra esa gente no hay más solución que la militar. Sentimos mucho que haya surgido en tan poco tiempo un ejemplo tan claro y patente de la necedad pacifista en la que se ha encerrado Occidente, que cree que los ejércitos son siempre inútiles o perjudiciales, y que la guerra es en todo caso una equivocación. Para colmo, hasta hace poco, los europeos teníamos la posibilidad de acudir al Tío Sam y nos quedábamos tranquilos porque teníamos a un “primo de Zumosol” que nos defendía, pero también podíamos acusarlos de crímenes de guerra si había alguna víctima colateral o si se les escapaba una bomba. Nosotros los europeos somos tan finos y modernos que preferimos hacer el amor a la guerra. Pero ahora resulta que al frente de los USA está el Premio Nobel de la Paz preventivo, empeñado en europeizar (en el peor sentido de la palabra) a su país. En todo caso, se ve que no está dispuesto a gastar sus dólares ni a sacrificar soldados por un sitio tan lejano (para ellos), lo que al fin y al cabo es coherente con su trayectoria. Después de la que lió en la Segunda Guerra del Golfo, lo raro sería lo contrario.

Quiera Dios que el Estado Islámico se ahogue en sus propias maldades, porque como se consolide semejante régimen en esa zona tan inestable del mundo, pronto veremos en serio peligro nuestro despreocupado modo de vida.

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