Soledad Madrid, el flamenco entre Mairena y Marchena

Ni los vínculos históricos ni los culturales entre Marchena y Mairena, en especial en el flamenco, resultan desconocidos para cualquiera con un mínimo de cultura general. Y esta conexión, más que en nadie, se hace patente en Soledad Madrid, una marchenera con 30 años de vida, matrimonio, maternidad y actividad como panadera en Mairena del Alcor, que tras un recorrido de seis o siete años formándose y foguenándose en el mundo del cante, debutará mañana jueves sobre las 21,30 ante el entendido público mairenero en el Parque del Olivar del Castillo de Luna.

Alegrías de Córdoba, granaínas, bulerías, peteneras o tientos tangos entre otros, podrán oirse de su rítmica voz. Además de unos tanguillos de homenaje a su llorado paisano Pepe Marchena. Todo con su estilo personal, más melodioso de lo acostumbrado en la jondura de estos lares, persiguiendo sin metas llegar en el cante hasta donde pueda, sin metas. Así, en su presentación mairenera estará acompañada por su guitarrista habitual Jesús de la Pili, un joven visueño con el que ensaya innumerables horas, incluso en su propia casa, ya que ambos desarrollan actividades laborales en paralelo.

La actuación viene patrocinada por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Mairena del Alcor, al que Soledad agradece la oferta, e incluso la deferencia de dejarla elegir fecha para tener más tiempo de ensayo y no defraudar, puesto que no contaba con esta sorpresa. De hecho, Soledad Madrid quiere plantear a las peñas que emprendan esa senda de organizar recitales donde los nuevos flamencos puedan foguearse.

Entre tanto, y animada siempre tanto por su clientela en la panadería como por su marido e hijos, esta marchenera que siempre oyó el cante en su casa de su madre y hermanas, sigue aprendiendo en los concursos o en conexión con Artes Escénicas Rebollar. Dos buenos recursos para establecer relaciones con este complicado mundo artístico y seguir aprendiendo “porque el flamenco engancha”, no duda en afirmar.

En todo caso, con respeto y momentos de nervio como en ella suele ser habitual, espera y desea llenar el recinto y no defraudar, desde la ilusión de una admiradora de todas las mujeres en el cante. Porque como mujer también ella es admiradora tanto de las cantaoras clásicas como de las jóvenes, bebiendo de todas aunque con una conexión estética especial y más potente con La Marelu.

Llegada al cante desde la saeta
Perfecta conocedora desde niña de las saetas marcheneras que oía a su madre y que ella emulaba en privado, la ocasión de darse a conocer cantándolas le llegaría de la mano de sus hermanos de la Veracruz, que la animaban cada año a cantarle a la Virgen de la Ancilla. Decidida finalmente, ya no pudo descabalgarse de la oración flamenca. Tras lo cual, tiempo mediante, su profesor Juan Antonio Ramírez la animaría a lanzarse a otros palos empezando por la malagueña. Un recorrido de aprendizaje que viene haciendo con el esfuerzo de compatibilizar su labor profesional, de madre y esposa trabajadora, con un desarrollo artístico que sube de escala día tras día y que evidencia cuando lo observa en perspectiva. Los buenos consejos de Juan Antonio suman a los avances, como los de cuanto entendeido se acerca a ella a animarla. Mientras tanto, todos los palos flamencos la inspiran siendo la bulería el que más trabajo y respeto le causa, al entender la artista que para su perfecta ejecución “hay que haberlo mamado en sus ambientes o practicarlo mucho acompañando en el baile”. Sea como sea, la escucharemos en Mairena.

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