La primera Hostia

Lo cierto es que vengo observando con cierto estupor la reciente “magnificación” de las comuniones

Estando en el mes en el que estamos, y movido o inspirado por cierta foto que he visto rulando por facebook, estimo oportuno hablar de ese día tan “especial” para un niño como es el de la celebración de la primera comunión.

Tranquilos, no voy a entrar a valorar el acontecimiento religioso en sí, cada uno es libre de creer en lo que quiera y más si ello te hace ser mejor persona. En líneas generales es mi opinión sobre la religión, en este caso la cristiana: si te hace ser mejor persona o te aporta energía, esperanza o ayuda, TÓMALA. Sinceramente creo que debería ser el objetivo subyacente en el origen de toda religión… lo que luego hayan hecho sus “representantes legales” con ellas es otra historia que aparte de dar un poquito de asquito, no viene al caso.

Lo cierto es que vengo observando con cierto estupor la reciente “magnificación” de este acontecimiento. Un acontecimiento en el que, acordaremos que el protagonista es el niño o la niña. Lo del estupor concretamente viene originado por esto mismo, el niño ha dejado de ser el protagonista en su fiesta…

Quizá por la ostentación, quizá por un posible egoísmo de los padres, quizá por el archiconocido “postureo”, quizá por la creciente endeblez de las estructuras o relaciones familiares y la desbordada importancia de la imagen y relaciones sociales, el niño se ha ido al carajo.

Una comunión, esa comilona FAMILIAR en una cochera recién barrida y regada, con borriquetes vestidos de manteles de papel, con sillas de madrea, con cubiertos y platos de plástico blanco, una olla como protagonista, colocada al lado de un tonel negro lleno de botellas de cocacola y agua con hielo, todo con un hilo musical rumbero y techno-flamenco, y cuyo postre consistía en unos toques de balón con tu padre, hermanos y amiguitos, con tu balón nuevo…

Una comunión, ESA comunión, ha degenerado en lo que yo bauticé, para cerrar el círculo, como “bodita”. Una bodita sin novios…

Hemos sustituido la cochera por el salón de celebraciones, la familia por las relaciones sociales, el guiso por el catering, el tonel por la barra libre, los toques de balón por animadores, la radio por un grupito de música y el plástico por el acero inoxidable. Como el acero inoxidable, todo tan frío como el acero inoxidable.

Niños deambulando aburridos como ostras, adultos por encima de los límites en cuanto al nivel de muchas sustancias en sangre, también deambulando y ostentando de emperifollamiento desmedido. Mientras tanto, al fondo una mesa con las patas a punto de ceder, repleta de regalos materiales que pasarán al universo “trasteril” de las casas de estos niños.

Yo no tengo niños, pero por alguna razón, quizá formación profesional, suelo entenderme muy bien con ellos. Así que, si no me quieres hacer caso no me lo hagas, porque habla la voz de la ignorancia, pero si lo que quieres es pillarte la tajá del año y quitarte de encima al niño un rato, escoge otro día tío, que ese día es suyo, ¿no?

Pensadlo papis… vaya a ser que vuestro churumbel, en algún momento de la tarde-noche-madrugada antes de quedarse dormido juntando dos sillas, termine uno de los días más especiales de su vida, como niño, pensando así:

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