Otra de Mayores…

Feliciano es el último “resto” que nos queda de los Libra y los Pirri, base muchos años del equipo de fútbol de Mairena

Para el papa Francisco los niños y los mayores son los predilectos de Dios. Son los débiles para este sistema, donde el poder y el tener es lo que vale y nos presenta sus ídolos. Entre los “débiles” de nuestra casa “delconchel” nos encontramos a Feliciano con su bastón y su cara de pensador, que a veces, se “abstrae” de los demás en su mundo aparentemente evadido.

Feliciano es el último “resto” que nos queda de los Libra y los Pirri, base muchos años del equipo de fútbol de Mairena. Los Pirri dedicados también a la pintura (de brocha gorda, y de “fina”, como las cúpulas del Cristo y el Sagrario de la parroquia). Los “Libra” a las tareas que pedían sus diversas actividades. Algunos viviendo del fútbol, como Manolo (el más pequeño), que estrenó con el equipo del Sabadell, en los días en que pernoctó en nuestro pueblo, ya que entonces no había “plata” para un buen hotel como ahora. Manolo marchó con ellos a Cataluña jugando en el equipo y quedando allí a vivir, hasta hace poco que falleció. El mayor estuvo algún tiempo con el Alcalá y el Bulli puso el bar, que hoy sigue estando como su fundación. Rafael (buen lateral) varios años en el Recreativo de Huelva y luego también con su bar, que llevó su nombre en la calle Ancha. Librada, la buena mamá, consiguió que Feliciano estuviera varios años en los Escolapios, formándose con criterios valiosos y adquiriendo la fluidez en la lectura, que aún mantiene a pesar de sus muchos años. Cada miércoles me espera en “elconchel” para preparar la palabra en la Eucaristía. La lee con soltura y unción profunda. Hace un buen trabajo.

“Ausencia del Dios presente…: presencia del Dios ausente…”. Una de sus frases favoritas, que repite asiduamente y que en cierta manera es su vida. Ausente siempre profundizando en su “interioridad mística”. Feliciano pasea con su bastón llenándose de este espíritu profundo, en los recuerdos; en lo que está transformando en verdadera oración o servicio a los mayores de la casa.

Librada, su mamá, fue una gran mujer, que, al faltarle su esposo, afrontó una familia numerosa. Su única hija Oliva fue la última que faltó, y desde entonces Feliciano nos recuerda lo que los Libra han supuesto para Mairena. Su corral cine-teatro ha sido el campo de fútbol donde se han formado tan buenos jugadores. La calle dedicada es un reconocimiento justo, invitación a las próximas generaciones para que no falten “razas” como los “Libra” o los “Pirri”.

Gente valiosa que pasa en “elconchel” los días merecidos de descanso. Los Felicianos que han dado brillantez al pueblo y ahora dan paso a otras generaciones. Pero no porque estén “apagados”, sino porque rumían tantos acontecimientos como les dio la vida de la población mairenera. Que en su ausencia presencia o presencia-ausencia cantan cada día como él a sus ochenta y cinco años: “Santa María, bendita seas…” es el canto con que le gusta terminar la Eucaristía. Cada día Feliciano vuelve a su casa en el transporte y aguarda con sus hijas a que el día nuevo le invite otra vez a su profundización. Una nueva etapa para seguir desgranando tantos recuerdos y de manera callada en sus paseos con el bastón empaparse de la presencia del “ausente”, del Dios de la vida. Feliciano sabe que de esta manera da sentido a su ancianidad y saborea todo lo bueno, que el día le va dando. La memoria de su esposa, de su madre, de personas queridas da sentido a estos años.

Algunas veces, cuando la ocasión lo permite, le veo junto al ficus de la plaza, el “Ateneo” de los mayores, desgranando sus viejos recuerdos. El viejo campo de fútbol de S. Bartolomé sabe tanto de los “Libra”. Allí tiene su calle. El valor de jugar sobre un campo de arena y piedra es el que forjó a estos esforzados jugadores, que defendieron sus colores con entrega. Frente al Calavera, al Dos Hermanas, al Alcalá… Sabiendo ganar o aceptando también la derrota. Nosotros los niños esperando los últimos minutos del partido para que nos abrieran las puertas. Había que aplaudir a nuestros héroes. ¡Cuántos recuerdos para la “ausencia” de Feliciano!

Me ha llegado la noticia de que a Feliciano le llevaron a una residencia de Alcalá. Que sea para su bien.

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